RINCÓN DEL BUTARQUE

Una luz, pero lejana

Veremos la luz al final del túnel, pero en el debate político nos la enturbia, como si estuviéramos tras el telescopio frente a la nebulosa de Orión, buscando el cazador.

Bajan los contagios muy lentamente, así como el número de fallecidos, tras 26 días de confinamiento del 80% de la población, ya que el resto trabaja en los servicios esenciales, asusta la cifra de fallecidos, similar a los que va teniendo Italia, así pasamos los días, escuchando noticias, y tratando de ver como dicen los expertos, la luz al final del túnel.

Sin embargo, los políticos, tengamos la ideología que tengamos cada cual, no se ponen de acuerdo en nada, al contrario que en Portugal, donde toda la clase política respalda las medidas del gobierno en relación con la epidemia, las otras cosas, son otras cosas, no es tiempo de reproches sino de remar juntos, otra cosa será en las consecuencias económicas y sociales y cómo se gestionan.

Esas dos Españas ideológicas nos siguen helando el corazón, como decía Antonio Machado, no saben colocar las brújulas hacia una dirección, nuestros políticos miran más sus intereses partidistas que al interés general, es decir, si en un monte hubiera solo una salida de salvación, estos todos, no sabrían encontrarla, porque cada uno cogería una senda distinta, por despreciar la que el contrario indica en caso que fuera mejor, y eso nos lleva a no hallar la salida llana, a precipitarnos hacia la que acaba en la mar por un acantilado.
Hay veces que, sin ser comunista uno recuerda la frase de Karl Marx: “La razón siempre ha existido, pero no siempre en una forma razonable”.

La razón y la política partidista nunca se han encontrado con facilidad, andan como el principio del Quijote, “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura”.

Quizás los políticos en su razón o sinrazón hallan la razón verdadera y hermosa a la que se resisten, ese es el laberinto entre interés y razón donde nos hacen perdernos a todos, que en cumplimiento de la ley nos vemos forzados a seguir sus decisiones.
Cervantes nos enseñó demasiado, y aún no hemos aprendido todo cuanto encierra toda su obra no sólo el Caballero andante, él explico lo que es un gobernante con una metáfora aplicable a muchas actitudes de la vida privada o colectiva, a un político no se le puede pedir amor, pero sí su gestión, empatía y solidaridad, sin ello, le vendría bien otra cita del Quijote:

«Porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma”

No es el amor a Dulcinea, es servir a la ciudadanía que representa, sin ello, es lo citado, la vida social de una nación en todos sus órdenes, sería lo citado por Cervantes. El pueblo es soberano, pero ni ejecuta ni legisla, y a veces se siente frustrado por caminar sobre los abrojos que le indican.

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