OPINIÓN

Veneno en la urna del Congreso

En pocas ocasiones el comportamiento de los representantes imita con tanta fidelidad al de sus representados, aunque los motivos aparentes puedan ser muy distintos. Estoy convencido que no es necesario ampliar detalles pero, por si gracias a Internet alguien nos leyera desde las antípodas, diré que hace tres semanas y media las urnas desvelaron preferencias que los votantes habían ocultado y que, además, hace dos días, los diputados elegidos gracias a ese comportamiento hicieron lo propio en el Congreso. Algunos dicen que lo del pueblo llano fue por miedo, pero en lo que sí coinciden casi todos es en que los diez votos sin dueño corresponden a un plan para defender intereses no confesados, pues nadie ha tenido el valor de reconocer ante sus propios votantes que ha decidido mancharse de PP.
Mi conclusión de este suceso es que ya pueden ponerse a temblar los de Rajoy, porque se acaba de formalizar un pacto de silencio para contribuir, desde la quinta columna, al descuartizamiento de ese partido político.

Porque ocurrió que, desesperados por lo que contestaban los electores sinceros a los encuestadores y, por otra parte, aficionados al miedo como arma eficaz también durante la tan engorrosa y legalista democracia, no comprendieron los del Partido Popular que cualquier cosa decidida con el corazón cobarde termina envenenándose, y más si es lo de elegir la papeleta de votar. Esto es algo a lo que tampoco dio importancia Arcadi Espada cuando, entusiasmado supongo por la victoria relativa de la derecha heredera, pero ocurrente como siempre, el 28 de junio titulaba con “Qué valor, el miedo” su columna en el papel. No se puede acusar al pensador de ocultar hasta sus convicciones más detestables. Don Arcadi se felicita porque la cobardía haya sido el impulso que ha dirigido el voto de millones de españoles. ¿Y si un día la gente elige en modo “valiente”? ¿Cómo lo hacemos para conjurar tanto peligro? ¿Se monta otro 18 de julio para eliminar atrevidos, o nos conformamos con un 23F para asustar en general? Responda Arcadi, porque dar valor a los instintos bajos solo hace pensar que se están poniendo a cultivar intenciones de las malas.

El comienzo parlamentario no ha podido confirmar con mejor evidencia las sospechas de que las últimas urnas, y las Cortes que han parido, venían emponzoñadas. Acabamos de inaugurar una legislatura en la que se va a pagar en B más del 50% del tráfico político que se mueva entre sus escaños.

En este ambiente oscuro al que está tan acostumbrado, he visto a Rajoy mordiendo el anzuelo envenenado de presidir un gobierno precario. “Pido que me dejen gobernar” ha declarado, y me pareció que solicitaba una condena piadosa. O quizás se considera blindado por su condición de representante de los acreedores de España, contra España por supuesto, porque son mentiras todas las palabras. Él. El “hombre de negro” disfrazado, quien no los recuerda. Pero me temo que también en eso se equivoca. Tanta insistencia por ser él, y solo él, el candidato, con tanto “valor” como hay en su partido, ya hasta resulta sospechosa. Nos viene a la memoria aquel otro español, el más criminal de la historia. Su paisano.

La ceguera política es condición de los que mandan. Cuando la sociedad está cambiando no hay binomio Arias-Fraga, ayer dueños de la calle, que sobreviva. Ni Rajoy con todo su partido que pueda impedirlo. Ni tampoco las rémoras que significan las tensiones internas de los socialistas. Ni los egos infantiles de Iglesias. Ni las oscilaciones riveras, ni las monarquías herederas. Un país como España, el que más daño ha sido capaz de hacerse a sí mismo de entre todos los parecidos, ha comenzado a ajustar algunas cuentas. Solo su propio ritmo determinará el momento de regreso a la normalidad. Sería recomendable que se hicieran a un lado los pescadores en ríos revueltos y los obstáculos.

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