REBELDÍAS

Vidal-Folch y la derecha populista

No me cabe la menor duda de que Xavier Vidal-Folch, en adelante VF, es un gran “influencer” desde antes de que aparecieran las redes sociales y su nuevo diccionario. También coincido con muchas de sus opiniones y, por ese motivo, me parece más necesario discrepar con el que quienes disiento casi siempre.

He leído su artículo del 4 de mayo en “El País” titulado “Presupuestos de la derecha populista” y destaco en positivo la prueba de contraste que realiza entre las proclamas de Trump y May y el comportamiento real de ambos líderes, materializado en sus decisiones presupuestarias. Evidencia que pertenecen al populismo de derechas, caracterizado por el uso consciente de los excesos verbales y las promesas imposibles como truco para atraer los votos de las clases populares.

Pero en el texto de VF falta una cosa y sobra otra, creo.

La que echo en falta es que no incluya a Rajoy entre los populistas de derechas, condición que se ha ganado a pulso. Ya en la campaña de 2011 prometió medidas económicas que sabía que no iba a cumplir, pues en el PP conocían perfectamente el endeudamiento de España, resultado de la crisis mundial. El viento a favor de las promesas embusteras del entonces candidato lo puso, sin querer, un PSOE gobernante y atrapado, obligado a transmitir mensajes optimistas porque, de lo contrario, hubiera parecido que reconocía su culpabilidad en el desastre, a pesar de que era de ámbito global.

En cuanto al no radicalismo verbal de Rajoy, es necesario recordar que en 2011 no se había puesto aún de moda atacar al “establishment”. Además, no todos los populistas de derechas son iguales. En el caso de Rajoy, el insulto ventajista a la inteligencia en forma de burla como frase para terminar, sus aplastantes lógicas con esquema plato y vaso o los desprecios por la ética, ese “chisme”, son las maneras que le deben parecer adecuadas a la altura intelectual de los españoles, a quienes considera incapaces de aprobar una oposición a registradores de la propiedad. Es probable que el próximo 26 de julio algún magistrado, o alguna fiscal, le deje seca la garganta al primer intento de salir por la tangente con alguna tontería.

El caso es que hoy mismo, 11 de junio, Anibal Malvar titula en “Publico” que “El PP ya es populista para ‘El País’”, por lo que debemos llegar a la conclusión de que en esa redacción también se han dado cuenta de lo que faltaba en el artículo de VF.

Y la cosa que me sobra de VF, con todos los respetos, es el primer párrafo del artículo, que dice lo siguiente: “Si comparan los discursos del populismo de derecha extrema, de Donald Trump y Theresa May, con los de la aparente izquierda radical, hallarán demasiadas semejanzas”.

Sin salir del alcance al que VF limita su conveniente artículo, es decir, a la comparación entre proclamas y decisiones, le preguntaría al autor a qué viene esa frase, salvo que se refiera al “susanista” Zapatero, pero en mayo de 2010, con lo que debería considerarlo representante de su “aparente izquierda radical”. O a que tenga oculta una lista de países occidentales en los que gobiernos de tendencia “aparente” hayan tenido la posibilidad de enmendarse a sí mismos, aprobando unos presupuestos tan contrarios a sus promesas como los de Donald y Theresa. Sería un listado falso, porque tales países no existen.

Es una pena que referentes como VF caigan con facilidad en la tentación de lo que hay que escribir, venga o no a cuento, contra los líderes que cualquiera que lo lea imaginan automáticamente vinculados a la “aparente izquierda”. Se llaman Iglesias, Melenchon, Corbyn, y quién sabe si hasta Sanders, el adversario de Clinton en las filas demócratas de USA, o también Sánchez, porque no. Pero resulta que ninguno de ellos cumple la condición de haber gobernado ni un solo minuto para hacer a toda prisa lo contrario de lo que prometieron. O quizás haya pensado en Tsipras, pero ha “llovido” tanto en Grecia que incluirlo podría ser intelectualmente arriesgado.

Critico a Vidal-Folch que nos haya querido colocar la ecuación de que un mismo síntoma, que para la ocasión traduciremos por discurso político “demasiado semejante”, corresponde siempre a un mismo mal, que en este caso significaría falsedad consciente para engañar a la sociedad, a sabiendas de que se hará lo contrario.

De esto que sobraba en el artículo de VF no se si se habrán dado cuenta en “El País”. Quizás tarden más tiempo.

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