DESDE LA BARRERA

Y no hubo nada

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“Y luego, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada”


 

Pasan los días y no hay nada. El estrambote del conocido soneto de Cervantes “Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla”, que encabeza estas líneas, me viene a la memoria cuando pienso en qué ha quedado la situación tras el órdago de la concejal socialista Mónica Cerdá, que prometía más de lo que finalmente ha resultado ser. Pasan los días, el asunto se olvida y se va poniendo de manifiesto que la inexperta jugadora no ha estado a la altura. Como todo el mundo sabe, cuando se echa un órdago es para ganarlo y tras el doble desafío, primero la dimisión de las delegaciones que recientemente le fueron encomendadas y, luego, la denuncia por coacciones contra Sara Hernández y Cristina González, de la que se retractó, todo hace pensar que la concejal díscola ha actuado por un irreflexivo arrebato de orgullo al verse disminuidas sus competencias y no por la determinación de denunciar, aún a costa de perder su asiento en el Pleno, algo que le parecía intolerable políticamente, como insinuó en un primer momento.

Parto de la base de que una mera discrepancia de criterios no sería un motivo serio para montar este espectáculo, si es que se trataba de eso. Me temo que nos quedaremos sin saber si había algo más tras la defenestración y si es así, su acción se antoja inconsciente si no avanza en la denuncia por temor o por la razón que sea. Si no había nada que la justificara, salvo la rabieta, sería de una inmadurez inadmisible. Vamos a dejar a un lado las supuestas coacciones, ahora negadas. Lo cierto es que no es decisión muy sensata la de quedarse sin competencias como parte del grupo socialista. No solo no es sensata; es inviable, no legal sino política y personalmente, si tenemos en cuenta que esa situación es fruto de una crisis abierta por ella, sin contar con las dificultades añadidas por tratarse de un gobierno en franca minoría, con escasez de responsables de las distintas áreas. Y mucho más insensato es cuestionar públicamente la autoridad para ejercer sus atribuciones de quien encabeza el equipo, en este caso, la alcaldesa, y pretender seguir formando parte del mismo, tras una rocambolesca dimisión luego retirada. Eso solo se le ocurre al que asó la manteca.

Como se ha publicado, queda por saberse si la agrupación local del partido le impondrá alguna sanción y también se pueden hacer cábalas sobre el tiempo que soportará su situación dentro del grupo, nada halagüeña. En mi opinión, con las acciones que ha protagonizado, Mónica Cerdá queda en entredicho y la única posibilidad que tendría de redimirse y justificarse ante los ciudadanos y sus electores es que pusiera sobre la mesa las posibles razones de peso que ha tenido para abrir esta crisis, con el coste de renuncia al escaño que eso conlleva. Cuando se juega fuerte, hay que asumir las consecuencias.


 

Esperanza Fernández Acedo

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