CILUSIONADOS

De la ilusión al desencanto

En los últimos años hay dos temas que aparecen diaria y machaconamente en la prensa:  la desconexión de Gran Bretaña de la UE y los intentos de desconexión de Cataluña del resto de nuestro país, a quienes muchos no quieren o no se atreven a llamar “España”. Hay mucha similitud entre ambos fenómenos: Nacionalismo puro y duro, referendos, prensa manipulada y prensa manipulante, connivencia entre políticos e intereses económicos, por llamarlo de una manera suave, enfrentamiento entre diferentes sectores de la población… etc.

A pesar de estar viviendo en Cataluña, y sufriendo, por tanto, este enfrentamiento, son pocas las veces que he hablado del tema de Cataluña. Por diversas razones: en primer lugar, porque no creo que sea un factor aislado, ni tampoco el más preocupante,que tenemos en España. El tema de Cataluña viene provocado por otro hecho más profundo y mucho más grave. El intento de desconexión de Cataluña del resto de España es el producto de una desconexión total entre los ciudadanos y sus políticos.Este rechazo de algunos catalanes frete al resto de España corre paralelo al rechazo de millones de españoles frente a sus políticos. No quiero hablar de Cataluña, además, por otra razón:  al hablar del Brexit y de los problemas de la UE, y de esto sí que lo suelo con frecuencia, estoy tratando del mismo problema de desconexión que tenemos en España.

Es muy fácil lanzar diatribas contra británicos y catalanes. No pretendo cargar contra nadie, ni disculpar a nadie Ya se encargará la historia de colocar a cada uno en su sitio. Este deseo de separación o ruptura tanto en Gran Bretaña como en Cataluña ¿siempre ha sido así?¿Cuándo ha empezado? Cosas tan importantes como la división de una sociedad -en este caso, la UE o España- ¿se pueden resolver con un referéndum?  Dadas las consecuencias que va a tener el Brexit en millones de ciudadanos, ¿piensan realmente los políticos que un Estado debe separarse de la UE con la facilidad que lo puede hacer actualmente? Si hasta la entrada en vigor del Tratado de Lisboa en diciembre de 2009 no era posible, pues ni siquiera estaba previsto, separarse de la UE, ¿por qué se introdujo esa posibilidad y sobe todo por qué se dejó la decisión en manos de los ciudadanos de un país –en este caso los británicos– cuando era un asunto que afectaba a todos los ciudadanos de la Unión? Dado el desconocimiento de la repercusión que el Brexit iba a tener en las vidas de millones de ciudadanos y dada la manipulación y falsa información que rodeó toda la campaña del Brexit, ¿podemos decir que fue un acto jurídicamente válido?  Un acto personal que estuviera rodeado de tantos vicios sería nulo de pleno Derecho. Recordad cómo en el caso de las “preferentes”, los tribunales anularon los contratos de muchas personas mayores que no estaban en condiciones de apreciar la transcendencia de lo que estaban firmando y cómo los bancos fueron condenados en muchos casos¿Un acto tan importante como el referéndum sobre el Brexit ¿puede tener validez a pesar de todos los vicios que lo rodearon?

No nos sirve la excusa de que tampoco los políticos sabían las graves consecuencias de una salida de la UE. Cuando el ejecutivo de una empresa tiene un error importante, se le pone de patitas en la calle. Los políticos no engañaron, pero deberían haber sabido qué consecuencias iban a seguir.

Resumiendo, y lo que digo sobre el Brexit se puede aplicar al caso catalán, no nos sirve echar la responsabilidad a los británicos o a sus gobernantes. Lamentablemente a los políticos que se equivocan no los podemos poner en la calle, porque tendríamos que echar a las cúpulas de los partidos. Este cambio en el Tratado de Lisboa, es decir, la posibilidad de abandonar la Unión no solo fue aprobado por el Parlamento Europeo, sino que fue ratificado también por los parlamentos nacionales de todos los países miembros.

Vayamos al origen del mal y ataquemos a la raíz. La desilusión política tiene unas raíces sociales tanto en la UE, como en España Con uno proyecto socialmente ilusionante para España, ni siquiera se hablaría del problema catalán. Con un proyecto solidario para toda la UE, en el que se trataran de resolver los problemas de forma conjunta, tampoco habría tenido lugar un Brexit. La España democrática y la Unión Europea inicial eran proyectos ilusionantes. Alguien deberá responder de haber asfixiado la ilusión

 

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