OPINIÓN

Gloria Fuertes. Amor, humor y desamor

Fotos-P

Fotografía: http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-mitad-invisible/mitad-invisible-autobiografia-gloria-fuertes/1563603/

 

♦ Una gran poeta, que pasó una guerra y demasiadas décadas oscuras. Pobre, fea, roja, lesbiana, regordeta y profundamente humana. Malas cartas para jugar. Y jugar es lo que más le gustaba… ¿Quién lee hoy sus poemas?

La voz de Gloria Fuertes surgió a mediados del siglo veinte en una España gris. A su primer poemario le llamó ‘Isla ignorada’ (Madrid: Ed. Musa Nueva. 1950). Sola pero comprometida, ignorada pero superviviente. La voz nueva, auténtica, original, en la que se combinan el sarcasmo, la ironía, la denuncia y el humor con la búsqueda de la comunicación, la angustia, el dolor y la soledad, no tiene nada que ver con aquella voz de cazalla y cigarrillos. La de aquella mujer redondita y entrañable que con una rebequita de punto y corbata aparecía en  “Un globo, dos globos, tres globos” diciéndoles a los niños: “Hola chicos ¡Viva el arte¡… como en casita en ninguna parte”

Nació en un Madrid, como su familia, muy pobre. Trabajó en unas oficinas mientras intentaba dejar en distintas revistas de la época sus narraciones infantiles. Pero ella siempre se sintió ‘Poeta de Guardia’, título de uno de sus mejores libros, publicado en 1968: “Y nadie suena, o quema, o hiela, o llama / en esta noche / en la que, como casi todas / soy poeta de guardia “. “Tal fue Gloria Fuertes en su continuo velar por la humanidad, la libertad y la justicia, poeta que se elevó sobre el dolor existencial y como mujer supo vivir en soledad, entre el dolor y el miedo, entre la esperanza y la desesperanza”, nos describe Alberto Acereda, uno de sus biógrafos.

Conoció a Carlos Edmundo de Ory y se apuntó al Postismo (el último de los ismos), una actitud poética muy valiente, rompedora. Vinculada con el surrealismo, rompe con las formas clásicas y se acerca a lo cotidiano con las palabras que se escuchan en la calle. Gloria Fuertes dijo de las semejanzas y diferencias entre su poesía y la de Ory: “Ambos salen del dolor, del desamor y del amor; pero el Postismo no llegó al pueblo”.

Una poesía abierta, desnuda, de fácil acceso al público. Una poesía que la poeta ve en todas partes: en el mundo de las cosas; en los momentos de alegría y sufrimiento; en lo temporal y lo eterno; en especial, en los lugares y personas ignorados por los poetas de minorías; en el burdel y en el borracho. Personalmente, me llama la atención la poética que siempre encuentra en lo más cotidiano: poemas naturales que hacen de lo humilde sonreír a los humildes.

Siente la poesía como un deber y el desamor, la injusticia, la guerra y la muerte, la soledad, el desamparo, el dolor y la crueldad gratuita siempre se pueden combatir con un sentido del humor, a prueba de bombas, mordiente pero de una ternura que te deja un poso melancólico detrás de la sonrisa.

Rechaza la poesía de evasión, al falso retoricismo de las formas tradicionales que la quieren encasillar en una métrica y una rima, ante lo que ella responde poetizando una realidad sórdida caótica y aburrida, con una gran dosis de humor para no caer en la desesperación. Una característica primordial de la obra de Gloria es el elemento autobiográfico. Gloria sabe amar, sabe entregarse donde ve la necesidad de cariño. Leyéndola te rebosa de su amor a los niños, al hombre, a la mujer, a los payasos, a los cojos y los mancos, a los pájaros y a todas las cosas que la rodean cotidianamente. Pero tanto aferrarse a amarlo todo y darse, sintiéndose comprometida, le causa un dolor profundo y una soledad inmensa que termina comunicando en los versos con un buen humor que convierte las  lágrimas en sonrisas.

Es una verdadera lástima que su poesía haya quedado a la sombra de su obra en literatura infantil. Leer a Gloria Fuertes es un placer agridulce y una experiencia profundamente sencilla y humana. Acabo de releer ‘Historia de Gloria’ (Ed. Cátedra. 2006). Mi manoseado ejemplar es de la cuarta edición del 1983 y contiene cientos de sus poemas breves. Lo publicó, cuando contaba con sesenta y seis años, su voz y su oficio ya estaban perfectamente definidos. Hablo más de Gloria que del libro, porque los poemarios son ella: “No me importa que todos os deis cuenta de que esto que os cuento me ha sucedido”,  dejó en la dedicatoria. En el ‘prologuillo’ nos dice: “Esto no es un libro, es una mujer” , y en la última página finaliza con estos versos:

y has “entrado” en la Gloria*

sin necesidad de morirte.

* (en la Gloria Fuertes)

 

 

 

 

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