ENTREVISTAS

Más ‘carbón’ para Sara Hernández: condenan al Ayuntamiento a pagar 25.000 euros por cerrar un negocio

Mónica Rojas en su actual estudio

► Agotada casi la legislatura, cada día que pasa se constata con más claridad que la alcaldesa, además de ser mala gestora de los intereses de los vecinos, podría ser una ‘mala persona’, una especie de grinch, sectaria y fanática contra los que no son de su cuerda o no le ‘dan suficiente jabón’.
► La Justicia dice que el cierre de la Escuela de Danza de Mónica Rojas es contrario a derecho y condena al Ayuntamiento de Getafe a indemnizarla con 25.000 euros
► El local, situado en el barrio de El Bercial, cumplía con todos los requerimientos oficiales, aunque algunos vecinos “hicieron la vida imposible por cuestiones personales”

Lo que a continuación se narra en estas líneas es todo un cuento-real-de Navidad, donde a pesar de los diferentes ‘grinch’ que han intentado cortar la música, el bien ha quedado por encima. Eso sí, unos años después; se ha hecho esperar. Corría el año 2013 cuando Mónica Rojas, vecina de Getafe y profesora de danza, junto a su marido músico, Salvador, comenzaba una aventura empresarial en El Bercial, concretamente en la Avenida de la Paz. El negocio estaba proyectado sobre la pasión y sapiencia técnica de la pareja: una escuela de danza. En ella depositaron desde un primer momento todas sus energías, ilusiones y esfuerzos económicos. Sin embargo, pronto aparecerían las primeras piedras.

Algunos vecinos de la Comunidad donde estaba su escuela comenzaron “a hacer la existencia bastante difícil”, a pesar de que, como demuestra Mónica, siempre cumplió con todos los requerimientos. A ello, se le suma el concurso de la alcaldesa, la socialista Sara Hernández, que según la parte afectada “no supo gestionar ni mediar en el conflicto”. Y para muestra, la realidad que más abajo se desgrana: la historia se ventila con una condena al Ayuntamiento de Getafe de 25.000 euros.

Mónica y Salvador recibían un local en bruto, de arrendamiento de una cooperativa, “en el que para la reforma tuvimos que meter casi 90.000 euros”. Para ello pidieron un crédito orientado a emprendedores. Más tarde llegaron los documentos, a los que ha tenido acceso este medio, que prueban que cumplían con todos los requisitos exigidos por el área de Urbanismo del Consistorio.

Entonces, ¿qué origina el problema apenas unas semanas después de la inauguración y con el alumnado inmerso en su escuela? “Algunos encabezonados no me querían allí”, sentencia Rojas y prosigue, “llamaban a la policía cuando empezaban las clases, día sí y día también, pero las mediciones siempre han dado correctas cada vez que venían”. Ante esta situación inhóspita Mónica y Salvador toman medidas. Según reconocen a este periódico, hablan con los propietarios molestos y muestran su flexibilidad. “No entendíamos muy bien sus quejas, pero les ofrecemos amoldarnos e, incluso, retirar algunas clases, quitándonos sueldo. Por ejemplo, he decir que de flamenco sólo había dos días y no a todas horas y no sólo es taconeo, hay braceo y abanico. Siempre quisimos colaborar y ver posibilidades”. No obstante, nada de eso frenaría ya lo que parecía una ‘caza’ contra esta pareja y su negocio.

Mónica Rojas en una imagen de archivo dentro del local  mostrando la orden de cierre del Ayuntamiento de Getafe

Detalles del “infierno”

En esa línea, Mónica da algunos detalles más del “infierno” que vivían. “Por ejemplo, una de las vecinas que me mojaba, porque también he tenido que soportar goteras, me la lió una vez en la propia escuela porque se enteró de que quien me puso el aire acondicionado era su exsuegro, y se mosqueó ahí mismo. También el hecho de que mi marido es gitano, eso ya dio lugar a prejuicios y hasta hubo quien dijo que por la zona íbamos a empezar a tener robos. Sí, es gitano, pero trabaja y paga sus impuestos como cualquier persona honesta”. En este sentido, la vecina de las “extrañas goteras” la denunció, bajo reclamo de 10.000 euros, por daños y prejuicios alegando que las clases de Rojas no permitían un adecuado estudio a sus hijos. Es lo referido a este ataque, acaba de recibir una buena noticia, ha ganado el juicio, aunque todavía no es firme y la parte denunciante ha decidido recurrir.

En este punto, la pregunta sale sola: ¿no os planteáis marchar? “Tenía bastantes alumnas y, aunque la cosa por esa cuestión iba bien, yo no tenía dinero ahorrado. Tenía todo metido en el negocio, en este local. Estábamos aun pagando los préstamos y ambos nos dedicábamos a ello. Efectivamente, estaba que no soportaba ya la situación, pero tampoco veía otra salida, cosa que aumentaba nuestro nivel de angustia”.

La gestión de Hernández y Santos

Así llegaríamos al 1 de mayo de 2016, fecha en que reciben una misiva indicando el cierre de la escuela por “el tema de las mediciones, que desde el propio Ayuntamiento paraban”. Dos semanas antes de esto, Mónica Rojas se reúne con la alcaldesa, a quien solicitó cita “seis meses antes”. “Le transmito a Sara que estoy harta de goteras extrañas y de vecinos, que no puedo más y que, creo, el Ayuntamiento debe pararles los pies. Y digo esto, y se lo dije a Sara, porque creo que el Gobierno local tendría que haber hecho ver que esta actividad sí cumplía con la normativa y que, en ese caso, lo que queda es aprender a convivir con ella”. La máxima regidora municipal se limitó a espetarle que “esto no es mi competencia”. Ante esto, Mónica recalca que “nosotros también somos vecinos de Getafe…De todas formas, qué casual que le cuente esto a la alcaldesa y 15 después nos llegue la carta del cierre”.

Ahora sí barajan marcharse a otro sitio. “Me estaban empapando constantemente y cada vez que me mandaban a la policía me cobraban una multa de 300 euros, porque decían que daba decibelios” recuerdo Rojas, y añade que “nos vimos en la calle. Al ser autónomos, no teníamos derecho a paro, yo estaba embarazada y pagando el cole a mi otra hija, las madres pidiendo la devolución de la mensualidad, que qué iba a pasar con el festival de fin de curso y con el vestuario ya comprado…” Mónica Rojas llegó incluso a ir al pleno en estado. Tal como reconoce, recibió el apoyo de la Asociación Aires Nuevos, del PP de Getafe y a título individual del concejal de la CUP Hugo Paternina. También en esta ‘jarana’ tuvo su parte el polémico concejal de Deportes, conocido como “el tonto útil de Hernández. “Hay un vecino que tiene amistad con Santos y yo misma lo vi salir en varias ocasiones del bloque, y hubo rumores de que otros concejales también estuvieron. Hubo una reunión donde yo no pude asistir por causa justificada y fue mi padre. Ahí, Javier Santos comentó que él había estado en las viviendas y que se escuchaban vibraciones. No sé ya en calidad de qué estuvo Santos, si de amiguete o de concejal… Y, en cualquier caso, digo yo, su parcela es Deportes, no la de técnico acústico”.

Pronunciamiento de la Justicia

Mónica y Salvador, en pleno túnel, deciden judicializar el asunto. Llevaban ya seis meses sin ingresos. En septiembre vendieron su casa y su vehículo. A pesar de todo, quisieron volver a comenzar. Eso sí, en un centro comercial, en la zona de Getafe Norte. “Ya no queríamos un bloque de viviendas. Empezamos de cero y prácticamente todas las alumnas de El Bercial las perdimos. La familia me ha vuelto a ayudar para avalar esto”. En donde ellos estaban, atención, hay otra chica con el mismo tipo de negocio. “Yo le pagué una medición para que estuviese tranquila. Al desaparecer yo, ya no hubo más goteras. No le hacen la vida imposible. Yo insistía en que era un problema personal y no me explicaré jamás la forma que tuvo este Ayuntamiento de meterse en medio”.

Como regalo de Navidad la Justicia se ha pronunciado. Les ha dado a Mónica y a su marido la razón. Tal es así que todo Getafe pagará la mala gestión de Sara Hernández en este asunto. El Ayuntamiento deberá indemnizar con 25.000 euros a Mónica, quien reconoce que “tampoco me solucionan todo lo que he perdido, pero deja muy claro todo lo que ha pasado”. La postura y orden del Consistorio fue contraria a derecho y tendrá, por tanto, que asumir la condena más las costas. “Yo podré hacer ruido, lo he dicho siempre, porque es una escuela de baile. Pero, ese ruido era legal; si no que la normativa exija otros niveles de decibelios. Y siempre me he mostrado flexible para organizar mis clases”, finaliza Mónica. Final feliz. Navidad para Mónica frente a quienes se empeñaron en ocupar su tiempo en molestar sin fundamento el de otros, y carbón adelantado para Hernández por debe de 25.000 euros, que asumirán las cuentas públicas. Las de todos.

 

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