CILUSIONADOS

No hay tantos millones de idiotas en Europa

“No creo que sean idiotas tantos millones de europeos”, decía estos días el profesor Joseph Weiler, director del Instituto Europeo de Florencia y una de las personalidades que mejor conoce el Derecho y la realidad de la UE, al referirse a los euroescépticos.

¿Cómo es posible que haya tantos europeos que están desilusionados de la UE y no crean ya en las instituciones europeas? Aunque es verdad que esta desilusión  afecta a toda la clase política, es aún más fuerte respecto al proyecto europeo. El proyecto político y pacifista más importante de todo el siglo XX a nivel mundial —es decir la Unión Europea— ha perdido casi todo su valor ante los ojos de muchos europeos, que son los más directamente afectados. Algo grave tiene que estar pasando. Si lo que ocurre en Europa lo deciden los jefes de gobierno nacionales (poco importa que se llame Consejo de la UE o Consejo Europeo), lo importante es votar en las elecciones nacionales. Si los ciudadanos no pueden elegir directamente al Presidente de la Comisión ni al Presidente de la UE —es decir del Consejo Europeo—, la UE seguirá siendo algo extraño y lejano para los ciudadanos. Votar a los miembros del Parlamento Europeo, está muy bien, pero  es votar a peones. Si ante las violaciones flagrantes de los valores europeos e incluso de los derechos humanos dentro de la UE, el Parlamento Europeo se calla, o si el Parlamento Europeo no dice anda ante la parálisis que estamos sufriendo actualmente por parte del Consejo y de Consejo Europeo, ¿creéis que los ciudadanos pueden sentirse motivados para recurrir a las urnas en las próximas elecciones? Si en la UE priman los intereses nacionales de cada país, en lugar de la solidaridad, que es uno de los principios fundamentales, no debe extrañarnos la desilusión por Europa

A medida que retrocede la idea de Europa, aumenta el nacionalismo, y al contrario.  Los verdaderos idiotas son los que  van voceando que la UE nos quita nuestra identidad y nuestra soberanía nacionales, cuando sucede precisamente todo lo contario. Si pretendemos subsistir solos en un modo globalizado, España y cualquier país europeo, pronto pintará menos que un barrio de Moscú o de Shanghái.  ¿Tendrá que haber una tercera guerra europea para que reaccionemos? Los nacionalismos nos llevaran primero a las guerras comerciales y luego vendrán las guerras de sangre.

Se acerca la campaña electoral, y los partidos políticos, en caso de que nos hablen de Europa, volverán a utilizar nuevamente el argumento del miedo: miedo a la abstención, miedo a los partidos xenófobos, miedo a los populismos, miedo a los que quieren destruir a Europa. El miedo es el argumento de los mediocres, de los vividores de la política y de los inútiles.

Mientras no podamos votar unas auténticas listas transeuropeas y elegir directamente al presidente de la Comisión y del Consejo Europeo, no preguntemos si hay tantos idiotas Europa.

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