En su despedida del Festival de Sitges, el crítico Alejandro G. Calvo deja una reflexión sobre una de las propuestas más singulares del certamen. Se trata de una película que reinventa el terror doméstico colocándolo a la altura literal del protagonista más inesperado: un perro.
Una cámara a ras de suelo: la voz del animal en el cine de terror
La película Good Boy apuesta por una apuesta formal poco habitual. En vez de apoyarse en la perspectiva humana, el relato se sitúa desde el punto de vista del can.
Ese enfoque no significa rodar todo en primera persona. La cámara baja, permanece cercana al suelo y captura el mundo como lo vive el perro. El resultado es una mirada fresca al género.
La propuesta busca transmitir tres sensaciones:
- Intimidad con el animal y sus reacciones.
- Incertidumbre sobre lo que ocurre fuera de plano.
- Una mezcla de ternura y miedo, difícil de lograr con protagonistas humanos.
Ben Leonberg y su compañero Indy: rodaje artesanal y paciente
Detrás del proyecto está el director Ben Leonberg, que salta al largo tras una carrera en cortometrajes. Para este filme utilizó a su perro, Indy, como alma y motor de la historia.
Leonberg no recurrió a varios perros adiestrados. Eligió trabajar con un animal sin formación interpretativa y eso alargó el rodaje de forma notable.
- El rodaje se extendió alrededor de 400 días.
- Para preservar cierta naturalidad, el director aparece con su compañero humano, pero utiliza un doble de cuerpo que oculta su rostro.
- Cada escena estuvo planificada con storyboards exhaustivos.
Cómo se construye el miedo: recursos visuales y narrativos
La película funciona gracias a decisiones visuales precisas. El uso del fuera de campo y los primeros planos construyen atmósferas extrañas.
Ejemplos de recursos empleados:
- Presencia espectral sugerida desde fuera de plano. A menudo solo se muestran piernas o sombras.
- Planos cortos del perro que, por efecto psicológico, conectan emociones con objetos o escenas.
- Secuencias oníricas que representan las pesadillas del animal y aumentan la tensión.
El director explota el efecto Kuleshov: al unir una mirada canina con otros encuadres, se crea una emoción que no siempre coincide con la realidad. Así, lo que aparenta ser miedo puede nacer de una simple yuxtaposición visual.
Por qué la propuesta convence en Sitges
En el festival la película despertó interés por su originalidad y su duración contenida. Con apenas una hora y 20 minutos, evita el relleno y mantiene el pulso.
- La economía narrativa favorece la tensión constante.
- La interacción entre perro y dueño aporta calor humano en medio del misterio.
- El tono artesanal y la apuesta técnica atraen a quien busca cine de género diferente.
Fechas, distribución y por qué verla en pantalla grande
Good Boy llegará a las salas el 17 de octubre. Su naturaleza visual se beneficia de exhibirse en cine.
Verla en pantalla grande potencia:
- La inmersión en la perspectiva baja del perro.
- La intensidad de sus secuencias oníricas.
- El trabajo de montaje que juega con fuera de campo y primeros planos.
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