OPINIÓN

A Don Antonio Machado le crecían los enanos

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♦ Don Antonio es el estereotipo de la lucidez asfixiada, dentro de una cueva negra, fascista y católica. No soy un experto en nada, y mira que eso es raro a estas alturas de la Wikipedia. Les ahorro la trágica muerte junto a su madre, perseguidos por los perros de la guerra, con la esperanza de que sea por todos, más o menos, conocida. Pero si me atrevo a dejarles tres fotografías, en blanco y negro, para que se hagan una ligera idea, de lo que fue la existencia de un hombre lúcido rodeado de miserias.

Leonor Izquierdo es hija de un sargento de la guardia civil, nace en la casa cuartel de Almenar de Soria y se va a vivir a una pensión que regentaban unos tíos suyos en la capital, en donde conoce a Don Antonio, profesor de instituto recién llegado. Ella tiene catorce años y el poeta 38; esperan a que cumpla los quince y se casan a las diez de la mañana del 30 de julio de 1909. Pasados dos años escasos, se la lleva a Paris, para realizar una ampliación de estudios con una beca. Una capital del mundo luminosa, donde la libertad y la modernidad florecen sin complejos. Todo parece posible, hasta el ser dichosos, cuando Leonor comienza a vomitar sangre y es ingresada. En esos tiempos el único remedio conocido contra la tuberculosis, eran las curas de reposo y aire puro. Tras una breve y engañosa mejoría, la joven esposa muere el primer día del mes de agosto con dieciocho años de edad. Las escapadas a Francia nunca se le dieron bien a nuestro poeta.

2 de Junio de 1928, en el vestíbulo del hotel Comercio de Segovia se encuentran y se miran a los ojos por primera vez. Pilar Valderrama, de 38 años, madrileña de la alta sociedad, casada y madre de tres hijos. De pelo negro y de profundos ojos oscuros. Con un catedrático de francés del instituto de Segovia, de 53 años, solitario y viudo, algo desastrado con barriguita y gafas: Don Antonio Machado, el mismo que un 14 de Abril proclamó la republica izando la bandera con sus propias manos en el balcón del Ayuntamiento.

La invitación a cenar parte de ella, ferviente admiradora de su poesía le trae una tarjeta de presentación, facilitada por la hermana del actor Ricardo Calvo, María, muy amiga y profesora particular de sus hijos. Resulta llamativa la cena en el mejor hotel por aquellas épocas. Ella se encuentra “mal de los nervios”, retirada para reflexionar sobre su futuro en la ciudad del acueducto. Su marido era un ingeniero que después de la guerra dirigió la luminotecnia del Teatro María Guerrero. Le había confesado que una joven, con la que mantenía relaciones a sus espaldas, se había suicidado, tirándose por una ventana de la calle de Alcala. Vamos, que el matrimonio no estaba para tirar cohetes. Le lleva a Antonio un libro de poemas suyos y también le comenta que hace sus pinitos como actriz. Cenan juntos y juntos pasean de noche, hasta el Alcázar. Ahí comienza su relación de casi ocho años y nace, como la llamaba el poeta, la diosa Guiomar.

Comienzan los viajes en tren todos los fines de semana para llegar a la estación del Norte, y pasear por el parque del Oeste. Con las hojas amarillas del otoño, comienza a refrescar y la pareja se refugia en un merendero del discreto barrio de Cuatro Caminos, alejados de las miradas curiosas de amigos y familiares. En sus cartas a la amada Machado lo llama “nuestro rincón”.

En 1935, Pilar puso como pretexto la inseguridad de las calles de Madrid para cancelar sus secretas citas semanales y la relación epistolar se cerró definitivamente en marzo de 1936, cuando el marido de Pilar –que sabia del golpe militar- creyó prudente exiliarse con toda su familia a Estoril, desde donde la censura de fronteras entonces existente les impidió continuar.

Claro, Don Antonio termino en la Valencia republicana lidiando con la guerra civil. En realidad su diosa Guiomar, tras el golpe militar regresó a España, a una casa que la madre de su marido tenía en Palencia y a una finca que pudieron “recuperar” tras la ocupación de la zona por las tropas franquistas. Según el relato de Pilar fue en dicha finca donde por la prensa le llego la noticia de la muerte del poeta, meses después de sucedida. Toda una contrariedad…

Y es que Don Antonio estaba rodeado por todos los flancos, veamos la fotografía de su hermano. Al llegar a Madrid la sublevación de Franco, en el año 1939, Manuel Machado, su querido hermano, dedicó al militar una poesía encomiástica, ‘Al sable del Caudillo’. Tras la guerra se reincorporó a su cargo de director de la Hemeroteca y del Museo Municipal de Madrid, del que se jubilo al poco tiempo. Escribía sobretodo poesía de carácter religioso, después de unos piadosos ejercicios espirituales en Burgos y gracias a la devoción de su esposa (que en cuanto se vio viuda, tomo los hábitos, ingresando en una congregación religiosa) y a la influencia de ciertos sacerdotes más o menos esclarecidos, que proliferaban en la inmediata posguerra. El hombre andaba entre el folklore y los anillos de los obispos, un tanto despistado.

Como la diosa Guiomar, entre misas y panegíricos. A comienzos del 39 lee una mañana en el periódico que Antonio ha muerto. Consigue pasar a Francia y cuando llega al cementerio de Colliure, para darle el último adiós, se entera de que su madre ha muerto también. Allí, frente a la tumba de su madre y hermano, me hubiera gustado ver la cara que se le quedó al del ‘cante hondo’… “Que la vida se tome la pena de matarme / ya que yo me tomo la pena de vivir” dejo escrito, por ahí.

Termine aquí el pase de fotografías grises y desportilladas del bueno de Don Antonio Machado. Un hombre decente que vivió en un tiempo y una tierra atroz. Posiblemente el más valorado en Estados Unidos y en Europa de todos los poetas que crearon en castellano del siglo veinte y que aquí en su país fue rescatado por unas canciones que versiono Joan Manuel Serrat.

[Datos tomados de distintos libros y artículos periodísticos de Corpus Barga, Andrés Amorós, Concha Espina, Ian Gibson, Vicente Pérez Díaz, Instituto Cervantes, etc.]


Fotografías:

http://profesorjuliodapenalosada.blogspot.com.es/2015/10/hay-alguien-enterrado-en-colliure.html

http://elnoroestedigital.com/colaboradores-2/1104-guiomar-el-ultimo-amor-de-machado

http://www.soria-goig.org/senderos/autores/machado2.htm

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