ESPECIAL

De Getafe a Santiago: el camino de 16 mujeres tras superar el cáncer de mama

El doctor Santos, el tercero por la izquierda, y Mayte, a continuación, con el resto de las peregrinas

► Junto con el personal médico del hospital han completado una semana en el Camino de Santiago

El sol ha vuelto a calentar. No sólo el que protagoniza este mes de julio. No al menos para 16 mujeres, pacientes del Hospital de Getafe, que hoy pueden proclamarse vencedoras de la batalla que les plantó hace unas fechas la vida: un cáncer de mama. Transitada satisfactoriamente la fría senda que caló cual afilada daga en su momento, recientemente se han atrevido con otro camino; el de Santiago. Acompañadas por un equipo sanitario del hospital de la localidad, han completado más de 20 kilómetros al día, durante una semana, poniendo a prueba su capacidad física. La experiencia, según narran a Crónica, que establece un paralelismo con la singladura mantenida con la enfermedad, las ha reafirmado en su vuelta de pleno al ámbito social. Esta historia sabe a emoción y a ilusión cumplida. A latido.

Mayte tiene 49 años y como ella misma sentencia a este diario “ha superado satisfactoriamente el cáncer”. Fue en una revisión del mes de junio cuando se le plantearía otro reto. Concretamente en la consulta del doctor Santos Enrech, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital de Getafe, y en la que también tuvo ‘culpa’ la psicóloga de la AECC del mismo centro. “Recuerdo comentar al doctor que todavía arrastraba algunos efectos colaterales de la quimio como los dolores articulares y musculares. Y ante esto me espetó que tenía “el remedio perfecto”. El doctor Santos le estaba proponiendo a Mayte una terapia muy singular, a la que se unirían otras 15 mujeres, y que sería la primera vez que se llevaría a cabo en el hospital de Getafe, tras haberse probado en La Princesa y en el Infanta Leonor de Vallecas. Lanzarse a realizar seis etapas del Camino de Santiago. Ella aceptó.

Basta charlar un par de minutos con el doctor Santos para saberse ante una persona cuyas venas manan plaquetas de pasión y compromiso por su profesión, aunque él diría que, al menos técnicamente, eso es imposible. Ha buscado la opción de ayudar al paciente más allá de la sala de consultas. Le bastó una visita y una conversación para emocionarse con la idea, así lo cuenta a Crónica: “La idea me la propuso hace año y medio la coordinadora del voluntariado de la AECC en el hospital de Getafe, Gema Vera, que han tenido un papel fundamental. Inicialmente me gustó, pero tenía mis dudas. Visité a mi colega Anabel Ballesteros de La Princesa y me disipó por completo cualquier duda. Entonces salí convencido de que había que ponerlo en práctica en Getafe. Según me lo narró suponía una experiencia única tanto para las pacientes como para el personal médico”.

Y brotó el germen. Gema, Ana, la enfermera encargada de Oncología en el servicio de Santos y él mismo se pusieron a pilotar lo que ya es una realidad teñida de éxito. ¿Pero cómo ha sido la selección de las mujeres participantes? “Hemos buscado pacientes que hubiesen superado un cáncer de mama en los últimos dos-tres años y que estuvieran en una horquilla de los 30 a 55 años”, explica el doctor Enrech, quien añade que “sobre todo había un perfil muy concreto, las que como producto de la quimioterapia y hormonoterapia tuvieran cansancio crónico y molestias articulares generalizadas. Es algo muy característico y seguramente las que más se podrían beneficiar”.

Se hicieron las maletas. Rumbo al Norte, a encontrarse con la vida. En la compañía, la otra familia, la que se forja como consecuencia del cáncer. 16 ganadoras y un equipo de dos médicos, tres enfermeras, una auxiliar y dos fisioterapeutas que empujaron para logarlo.
“Cuando me lo propuso el doctor, pensé que sería una manera de probarme físicamente, a mí que me duelen bastante las articulaciones. Eso sí, no reparé en lo que vendría después (risas)”, recuerda Mayte. Y lo que más tarde aparecería sería una experiencia, ya eterna, fantástica.

La voz de Mayte te hace oír que no es preciso marchar muy lejos para dar con verdaderos héroes o heroínas. “La verdad es que el camino ha sido una terapia en todos los sentidos. El objetivo era ver la analogía entre el Camino de Santiago y el nuestro, el de nuestra lucha personal contra el tumor. Son batallas duras en las que tienes que afrontar una serie de retos. No es igual, pero sí similar. Hay días en que afrontas muy bien cada etapa y otros en los que todo te parece más complicado”.

Mayte extrae la importancia de “compartir tiempo y experiencia con quienes han pasado por lo mismo que tú y con el resto del personal médico. Entablas una relación que va más allá, es distinta. En el hospital nos han cuidado y mucho, pero en el Camino ha sido hasta el infinito y más. Nos han dado los nueve toda su dulzura y nos han mostrado su perfil humano”. En este punto, el Santos sin bata también tiene algo que añadir, “un día andando con Mayte me contó que durante la quimio se habían sentido acompañadas, pero que no dejábamos de “estar fuera”. Y que sin embargo en este trance del Camino todos estábamos pasando por los mismos padecimientos y que era algo que las hacía sentirse mucho más próximas”.

Y, efectivamente, tanto las 16 mujeres como el personal sanitario, a fin de cuentas un mismo equipo, consiguieron llegar a la meta final. “Hemos sido unas jabatas y sin eludir ninguna etapa. Nos habían avisado de que cada ciertos kilómetros tendríamos un autobús por si nos encontrábamos mal. Y salvo un pequeño incidente de una compañera que sólo duró cuatro kilómetros no lo necesitamos”, recuerda orgullosa Mayte.

Futuro de esperanza

¿Qué expectativas tiene el cáncer de mama en los próximos años? “Podemos ser bastante optimistas”, anuncia Santos; “hoy se curan entre el 85 y 90% de las pacientes diagnosticadas. Es una tasa espectacular. Estamos identificando subtipos, ya sabemos que el cáncer de mama no es una enfermedad, sino que son cuatro o cinco diferentes y hay que afrontarlas de forma distinta y eso también nos está ayudando mucho.” ¿Y el estado de ánimo, doctor? “La experiencia diaria me demuestra que aquellas pacientes que afrontan la enfermedad con optimismo les va mejor. No es de extrañar porque soportan mejor el tratamiento. Con otra actitud te ves obligado a bajar las dosis o retrasar tratamientos”.

Santos ya trabaja en la siguiente edición, “ya que hemos superado un reto, vamos a por otro. Quizás en dos años repetiremos”. Mayte tiene su lectura, “esto ha sido el colofón a un tratamiento duro. Un regalo para las 16. Y siempre tiene que haber gente que te ayude en lo que te toque. Si he podido superar un cáncer, puedo con todo lo que la vida me dé”.

Pues, derribados los callejones, larga vida de caminos y bocados.

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