CILUSIONADOS

Demasiado fanatismo

Hoy en un día triste, y no sólo para España, sino también para todas las personas amantes de la libertad y de la convivencia pacífica. Asesinar a una persona es ya de por sí algo muy grave, asesinar a un inocente lo es mucho más, pero asesinar en nombre de la religión o en nombre de Dios ya es el colmo de la desfachatez. Las ramblas de Barcelona, ese lugar cosmopolita por excelencia, se tiñeron de sangre hace hoy exactamente un año. Hoy recordaremos en silencio y con amargura este terrible suceso.

No es mi intención buscar responsables, aunque reconozco, por una parte, que los familiares de las víctimas tienen todo el derecho a hacerlo y, por otra, que las autoridades tienen la obligación de depurar responsabilidades. Simplemente quiero preguntarme, ¿cómo es posible que pueda haber tanto odio en el corazón de una persona? Y no me digáis que se trata de un fanatismo religioso de unas personas exaltadas. Hay mucho fanatismo en nuestra sociedad. Aunque no sea a este nivel, hay mucho fanatismo en España: unas veces es fanatismo político con descalificaciones mutuas (izquierdas contra derechas, progres contra retrógrados, nacionalistas contra constitucionalistas, vencedores contra vencidos), otras es fanatismo regional (vagos contra trabajadores, pagadores contra receptores) o fanatismo nacional (lo español contra lo extranjero, incluso contra los que es propio de otros países de la UE).

Sé que en otros países hay también fanatismo y sé que cierto grado de fanatismo va a existir siempre, pero ya va siendo hora de que aprendamos a convivir pacíficamente con los que piensan de manera diferente a nosotros. En la era de la globalización vamos a tener que aprender a suprimir ciertos términos, como extranjero, religioso, ateo, árabe, moro, subsahariano, etc. para clasificar a las personas simplemente como demócratas o antidemócratas. No podemos aceptar sin más todo lo que sea nacional, ni rechazar, por principio, todo lo que sea extranjero, asiático o africano.

Hace poco escribir un artículo titulado “La Barcelona de la reconciliación”- Hoy lo ampliaría diciendo “La España de la reconciliación en una Barcelona por reconciliar”. Hoy recordamos a las víctimas. Si no queremos que se vuelva a repetir lo que ocurrió hace un año, tenemos que empezar a desterrar todo tipo de fanatismo: Ni fanatismo de fuera, ni tampoco fanatismo nacional. Barcelona está dividida y no sólo por el fanatismo religioso o de fuera.

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