CILUSIONADOS

La emergencia medioambiental no es más grave que la emergencia democrática

Mientras unos estamos plenamente convencidos de que nos estamos cargando el planeta, otros se empeñan en reírse ignorantemente de nuestras preocupaciones. Unos países se esforzarán lo mínimo por reducir las emisiones de gases contaminantes, mientras China y Estados Unidosy la India seguirán lanzando a la atmósfera millones de toneladas de CO2. Los ciudadanos protestamos, pero los grandes países, y las industrias relacionadas con el petróleo hacen oídos sordos. Arabía Saudí y Nigeria, grandes productores de petróleo, no firman siquiera el Acuerdo de París, y los Estados Unidos se retiran de este Acuerdo.  Mientras tanto, el tiempo corre, y el peligro se acerca.

Esto es exactamente lo que está ocurriendo en el ámbito de las relaciones humanas o en el ámbito de la política. Mientras los ciudadanos protestamos contra todo tipo de injusticia, contra las desigualdades económicas y sociales, contra los privilegios, mientras los ciudadanos salimos a la calle y los jubilados se desgañitan, mientras firmamos peticiones e, incluso, iniciativas legislativas populares, los señores de la política se ríen, y sobre todo se ríen las grandes empresas de la política, que son los partidos políticos, pues viven precisamente de los privilegios, de las dietas, de la confrontación y de las desigualdades.

El mundo necesita tomar medidas urgentes contra el cambio climático, pero necesita tomarlas también contra la degradación democrática. No somos los simples ciudadanos los responsables del ascenso de los partidos radicales,cualquiera que sea el signo que ésos tengan. No somos culpables los ciudadanos de que el Congreso de los diputados esté muy pronto dominado por partidos independentistas. Tampoco lo somos de que en un día no muy lejano el Parlamento Europeo esté copado por partidos antieuropeos. No podemos echar la culpa a la globalización a la competencia desleal, a las mafias o a la droga. Los responsables son las grandes empresas de la política. Son los monopolios del poder político los que nos han llevado a esta situación. El nombre genérico es “partido político”.  Los nombres propios los conocéis todos.

¿Y vamos a pedir a estas grandes empresas de la política que resuelvan ellas los problemas, cuando son ellas las que están creando las desigualdades, los privilegios, el culto a la personalidad, la falta de libertad de expresión, el peloteo. ¿No son ellas las que manipulan a las bases para que asientan a lo que pide el jefe? ¿No son los partidos políticos los que nos quieren enfrentar a los ciudadanos calificándonos de izquierdas o de derechas, de progresistas de o retrógrados? ¿Es que tiene algún valor las consultas a las bases cuando todos sabemos cómo se utiliza el aparato del partido para dirigir a militantes, sobre todo si son jóvenes?  ¿Es que tenemos alguna garantía siquiera de que no se manipulen los resultados?  Las únicas consultas que tienen valor son las que se hacen a todos los ciudadanos, y estas son muy claras.  Los ciudadanos buscamos la concordia y el diálogo.

El clamor de una juventud sin futuro es atronador, lo es en todos los países del mundo, y las expectativas de unas pensiones dignas para los mayores son cada vez más reducidas, pues por delante de los jubilados están los sueldos de los afiliados al partido.  Cuando fallan las democracias, estamos a la puerta de la dictadura.No podemos contemplar pasivos cómo se nos quema el mundo, y tampoco podemos permitir que los partidos políticos jueguen peligrosamente con nuestra democracia. Quizás ambas emergencias tengan la misma causa.

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