GETAFE

La vida de Sebas: vecino de Getafe, okupa en un garaje, a punto de desahucio y 67% de discapacidad

Vive en seis metros cuadrados sin luz ni agua, rodeado de humedades y con 400 euros al mes

Se presentó en el pleno de julio de Getafe para que le viesen todos los concejales

Demanda una vivienda tutelada, si bien en diciembre rechazó una residencia de fuera del municipio

Me encuentro con Sebas quizás en uno de los momentos de mayor debilidad física para él de los últimos tiempos. Hace tan sólo unas horas que terminó el pleno ordinario de julio de Getafe, celebrado el día 23. Él decidió asistir. Quería que todos los políticos le volviesen a ver la cara, aunque se conocen de sobra, con el objetivo de que su caso no caiga en el olvido de la administración. Algo cotidiano para la gran mayoría, una verdadera odisea para Sebas. Sin verticalidad plena desde hace casi 10 años, desplazarse desde un taller abandonado al lado de rotonda del lazo, junto a la residencia de estudiantes, hasta la Plaza de La Constitución le lleva más de dos horas. A ratos con el bastón, a ratos con la silla, “de las ocho cervicales, tengo todas mal. El lado izquierdo, muerto y me dan calambres. Si le doy a la rueda derecha lo único que hago es hacer círculos, con lo cual tengo que dar al lado izquierdo. Cuando llevo 15 minutos dándole a la silla, me empiezan a dar calambres y ya se me queda muerto ese lado”, lamenta.

“Estoy intentando recuperarme del suplicio del lunes de ir al Ayuntamiento. Estos esfuerzos los pago muy caros. En cuanto llegué me acosté, a 40 grados en este agujero, no sabía si iba a despertarme. Además, lo único que llevo comido en las últimas 48 horas son dos kiwis”, son las primeras palabras con las que me recibe. Al día siguiente de este esfuerzo, tuvo otro parecido, le tocaba sellar el paro.

Sebas tiene 47 años y una discapacidad del 67% reconocida, declarado dependiente de Grado II. Su principal problema ahora es habitacional, buscar un lugar en que vivir. Sus seis metros cuadrados en este garaje repleto de inmundicia, del que tarde o tempranoserá desahuciado, ya no es una opción. Sobrevive con una ayuda de 400 euros mensuales, si alquila una habitación, “¿qué como?”Toma 21 pastillas.

Sebas es huérfano, criado por sus abuelos, y la relación con sus tías y primos es inexistente. No obstante, ha trabajado toda su vida hasta que su cuerpo ‘se rompió’. Antes de eso, fue pintor de interiores y camarero. Pasó por un divorcio. En diciembre hará nueve años de su operación de columna, en la que tiene un muelle; el inicio del calvario. Tras ella, estuvo bien dos meses, pero “una mañana me fui a levantar y ya no me podía mover”, reconoce para nuevocronica.es y detalla que “yo tenía dos hernias de disco, una de ellas, brutal. Los últimos años trabajé de camarero. Me empezaron a infiltrar en las rodillas y así estuve dos años hasta que un verano, una suplemente decide hacerme  una radiografía de la columna. Yo ya no me sostenía de pie. A última hora de mi jornada me tropezaba solo, la vuelta a casa era una locura. La peor, la L5, prácticamente rota”.

Deterioro físico

La discapacidad ha ido in crescend de manera progresiva. Primeramente, le reconocen un 33%, hasta que hace tres años, cuando entra al taller, el Tribunal le otorga la incapacidad permanente total. Okupa este lugar porque era la ‘opción’ más económica, “las mafias de Getafe me alquilan una habitación”. Sebas no podía comprarse ni siquiera la silla que necesitaba para transportarse. El estado de abandono de este taller es total, incluso los techos están hundidos y el hedor a humedad impregna. Sebas cuenta con un colchón en penosas condiciones, un baño inutilizable, un infiernillo y compra agua. Tampoco hay luz, aunque la casa de al lado le presta corriente. En su primer año vivía arriba, pagando 150 euros. Entre eso y las dificultades para bajar la escalera sin barandilla, ahora está en la planta baja. Le exigen, según cuenta, 50 euros. En ambos lugares lo acompañan sus gatos.

Todos los grupos políticos conocen su situación. “Mi situación y a mí personalmente. Ellos y medio Getafe. He trabajado muchos años en Las Moreras, bautizos, comuniones, bodas y comidas de concejales. Les he puesto de comer a todos y a Pedro Castro también. Todos me dicen que Sara Hernández no hace caso y que incluso desautoriza las cosas que se aprueban en el pleno”, comenta Sebas y apostilla que “he llegado a pensar en algún momento que alguien me ha puesto la zancadilla, pero no lo sé”.

De su presencia en el salón de plenos getafense, destaca que desde el POSI le dieron “una palmadita”, Esteban, de Ahora Getafe, “se ha preocupado por el caso, pero lleva un año sin hacer nada”, del PSOE, “nadie”, y sin embargo Soler “fue el único que me contestó en su día”. Hoy, “casualmente, el único que me echa una mano es Roberto Benítez, que no es concejal aún, pero está siempre en el Ayuntamiento poniendo reclamaciones”.

Rechazó una residencia

Al mismo tiempo no deja de rumiar sobre un asunto, intrínseco a su horizonte habitacional. “Este mismo mes han dado 17 viviendas y después 13 de las tuteladas en la Avenida de las Ciudades. Tengo mis papeles echados para ellas y para las del IVIMA”. El dato que ofrece Sebas ha sido corroborado por fuentes municipales a nuevocronica.es y continúa, “a lo de los pisos tutelados les han puesto antes que a mí, que llevo muchos años esperando. Meten en un apartamento de 33 metros cuadrados a familias de seis o siete miembros. Y he leído que hay 447 dependientes en Getafe que siguen sin recibir las prestaciones”.

No obstante, el pasado 4 de diciembre, Sebas puedo haber entrado a una residencia de fuera de Getafe. Lo rechazó. “Me negué porque no estoy para ir a una residencia. Hicieron una valoración que no era cierta. Entiendo que todavía puedo tener una vida mejor en un piso”, alega.

Al menos, allí sí podría ducharse porque ahora reclama “un chorro de agua que me cayese un rato en la cabeza, me daba la vida y me quitaba tensión”. Le dijeron que se fuera a duchar al Centro Cívico de Juan de la Cierva. Al llegar, por el contrario, el conserje le informa de que no hay agua caliente y que “no habrá más gasoil hasta los nuevos presupuestos”. Sebas insiste, “aunque sea fría”, en vano. Tampoco tuvo suerte con la piscina, “la doctora me lo prescribió.  Y no me lo arreglan, todo porque le dije a la de Servicios Sociales que por la tarde no podía porque ya estoy drogado, que yo tomo morfina base”.

Nos despedimos y la conversación vuelve al inicio. Sebas cree que “llevan tiempo” queriéndose deshacer de él, “veo algo detrás de todo esto”, y que su enfermedad “no fue de golpe”, sino progresiva.

No le queda otra que vivir día a día, aunque sus niveles de optimismo no sean altos. Tras su negativa a la residencia, Sebas se despide de nuestra cita: “no tengo a nadie. Estoy en este agujero del que me van a desahuciar. Lo siguiente es que me saque la policía. Me iré a la puerta del Ayuntamiento, aunque aguantaría 48 horas…”

 

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