LLEGANDO A PUERTO

Perdone usted mi torpeza

 

barcelona

 

Nicasio. – Hola don Silverio.

Silverio.- Buenas tardes, amigo mío.

Nicasio.- ¿Dónde va usted?

Silverio.- A dar una vuelta.

Nicasio.- ¡Ya está!. ¿Se trata tan sólo de dar una vuelta, don Silverio…?

Silverio.- No comprendes, amigo Nicasio, que mi respuesta es una síntesis filosófica. Cuándo veo gente joven siento ansias de gritar: ¡Eh, muchachos! ¡Aprovechad la ocasión y dar una vuelta!

Nicasio.- Gracias por lo de joven don Silverio, es de agradecer. Qué santa Lucia le conserve la vista…

Silverio.- ¿Me permite sentarme un rato en “su” banco?

Nicasio.- Tendría que haberle invitado yo. Perdone usted mi torpeza.

Silverio.- No pasa nada, Nicasio, el futuro es de los jóvenes.

Nicasio.- Es tanto así que, dada la posibilidad de participación es de reconocer, don Silverio, la extraordinaria movilización de los jóvenes.

Silverio.- Fíjese Nicasio, que los jóvenes, han hallado la cuarta dimensión porque desplazan, sus trazos y sus ideas, como se desplazan las generatrices de las superficies gauchas. No puede determinarse cómo pasan de una proyección a otra. Como si se refiriesen a un cuarto plano de proyección que aún no hemos concebido.

Nicasio.- Una buena descripción geométrica, que diría Pascual Monge, para el tercer año de la República. Pero al día de hoy, puestos en la situación actual, creo que es un orgullo este visceral renacer de la juventud política.

Silverio.- Es que la política debe ser obra de la juventud actual, exclusivamente de ellos, aunque se la quieran robar o imitar los viejos. Mis predecesores y mis coetáneos hacían política para que les entendiesen los brutos, los caciques, pero los jóvenes deben hacer política para que les comprendan los obreros, los artistas, los intelectuales, el pueblo sencillo y amable.

Nicasio.- Todo va muy deprisa don Silverio, todo es urgente, todo avanza como a retazos imprecisos. Lo mejor para la buena vida del político, dicen estos, es lo mejor para la Nación.

Silverio.- Para los políticos profesionales, Nicasio, todo lo grande es hueco. Sería posible que algo muy grande fuera macizo si se hiciese en completo reposo. No les pidas nada a largo plazo, todo en el corto y medio espacio. En la distancia que va desde el atril del portavoz a la distribución de los escaños.

Nicasio.- ¿Usted cree que estamos ante un renacimiento del paletismo?.

Silverio.- ¡No, no!. Afortunadamente este murió ante el empuje de la Ilustración y las ideas de la Institución Libre de Enseñanza. Yo, lo digo modestamente, me he sentido krausista dentro de mi espíritu rebelde y anarquista.

Nicasio.- Parece, don Silverio, que ha mudado usted su idea del paletismo.

Silverio.- Escuche usted: Juan, Pedro y otro vecino deciden ir de merienda. Juan se encarga de llevar la vianda que luego pagarán a escote. Pedro lleva el vino. Después de la comida echan la cuenta. Es muy sencillo –dice Juan-, he gastado quince pesetas, de modo que cada uno me debéis cinco. Eso es –añade Pedro-, yo he gastado tres pesetas en vino, te doy dos y estamos en paz. Esa fue una parte de la sociedad que yo viví.

Nicasio.- Ja, ja, ja. Se olvida usted, don Silverio, que el pueblo español es muy listo con las perras. Tal vez no supo leer ni escribir, pero protege su cartera con el celo y la certeza con que esgrime el bandolero la navaja de Albacete.

Silverio.- ¡Alto, Nicasio!, es la una. Todo el que viene a verme desde Madrid por la mañana, almuerza aquí. Ya lo sabe la muchacha. No le causará usted disturbio ninguno y puede usted volverse enseguida a su casa, a dormir la siesta.

Nicasio.- ¡Ah! Recuerdo a su doncella. Me imagino que es la misma que traía aquel café maravilloso, el verdadero café. El café de la isla desconocida sin industrializar como Puerto Rico, el café de la isla virgen.

Silverio.- Veo Nicasio que tomó usted buena nota de los atributos de la doncella.

Nicasio.- Creo que sí, ja, ja, ja. Seguro que en cuanto aparezca la reconozco.

Silverio.- No obstante tiene usted razón que, desde aquel año de 1898, es más fácil conseguir en España un buen vino antes que un buen café. Si queremos un buen café tenemos que ir al puerto de Barcelona.

Nicasio.- Estos catalanes tienen de todo.

Silverio.- El nivel de vida de Madrid es inferior al de Barcelona. Lo más importante que puede hacer un pueblo es elevar su nivel de vida. Esa es la superioridad que tienen los catalanes en España y lo que les hace ser más libres.

Nicasio.- Pues póngase usted a rezar, si quiere: Por un tiempo largo no habrá paz ni en las iglesias.

Silverio.- Resumo: Crúcense los odios en la sociedad como se cruzan las exhalaciones en el firmamento durante la tormenta y, si podéis, amaos los unos a los otros, pero procurad hacerlo con permiso de las autoridades.

Nicasio.- Con lo fácil que es, don Silverio, situar el objeto del Gobierno en la felicidad de la Nación. El fin de toda sociedad política no debería ser otro que el bienestar de los individuos que la componen.

Silverio.- ¿Cuáles son los límites de la felicidad? Una buena ley debería ser justa y moral cuando consigue la felicidad de todos los ciudadanos y ciudadanas.

Nicasio.- Yo creo, don Silverio, que los partidos políticos pinchan en síntesis por fijar donde reside la frontera ante la disputa entre el reinado de los condados y el reinado de los castillos.

Silverio.- Parece mentira que todos los jaleos que ha habido en España, desde el 1854 hasta el 1873, hayan sido por una cosa que a nadie le interesa.

Nicasio.- Cierto que, aunque ha evolucionado el tiempo y los acontecimientos, no deja de ser curioso que otro Carlos presida la disidencia.

Silverio.- La historia es cíclica, amigo Nicasio. Hace poco leí, no recuerdo ahora donde, que la democracia no es una ideología nacida para hacer o deshacer Estados sino para dotarlos de instituciones capaces de gobernarlos de manera justa. Esta forma de gobernar debería eliminar los planteamientos incoherentes y propiciar los acuerdos necesarios.

Nicasio.- Dice usted las ideas, don Silverio, como si fuesen aventuras y las aventuras como si fuesen ideas.


 

Foto.- ‘Libro del conosçimiento de todos los rregnos et tierras e señoríos que son por el mundo et de las señales et armas que han’. Parti del rreynado de Granada et fuy al rreñado de Aragon, vn rreyno muy vjciosso et abondado. Et ffalle en el çinco çivdades grandes: a la major, do coronan los rreyes, dizen Çaragoça, a la otra, Valençia, a la otra, Tarragona et a la otra, Barçalona et a la otra, Tortosa. Et por este rreynado corre el rrio Ebro et el Flumen Sçinca. Et este rreynado parte con el rreyno de Navarra et con Castilla et con el rreño de Francia et con los montes Perineos. Et el rrey dende ha tales senalles por pendon. Anónimo (post 1385).

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