CULTURA

Quesia Bernabé; la recomendación de la qasualidad

Hay momentos que no se imaginan; suceden. Así me crucé yo con Quesia. Casualidad en el mejor sentido del término. Hace unas fechas, me pasaron, por ciertas inquietudes de uno, el enlace a un vídeo de un encuentro en el histórico y mítico Café Comercial de Madrid. Estaba yo echándole un ojo a lo lectura en diagonal cuando, por arte y efecto de saltar los minutos digitales, apareció ella. Entonces, dejé seguir su curso natural a la barra roja. Hasta que decidí, pasados unos instantes, manejarla de nuevo a mi antojo para retroceder. Regresar a ese punto donde brotó un metafórico chasquido de dedos. Al segundo aproximado en el que tu cerebro te detuvo de otros estímulos para requerirte atención sincera. ¿Un cuarto de siglo y no había escuchado nada semejante? Siempre hay una primera vez, para todo.

Efectivamente, era algo muy característico. En ese momento, haciendo gala el espíritu inherente de la profesión que invade mi ser, una necesaria pregunta pululaba por mi mente: ¿quién es? Se complicaba la respuesta. El vídeo no contenía en sí mayor información, ni tampoco su descripción resolvía mi justificada curiosidad. Me daba rabia que aquello se redujese a la chica de verde y de la guitarra. Era injusto no saber ni su nombre. Quizás ya no me hacía tanta gracia la casualidad… Prometo que, toda vez asumido que con la duda me quedaría, a punto estaba de pinchar sobre la X que cierra la ventana, cuando hacia la derecha de la pantalla se dirigió mi vista. Ahí se hallaban, en realidad como es habitual, las, en este caso benditas, recomendaciones de YouTube. Y, estaba mirando a una que contenía la cara de la chica de verde. Por fin. Quesia Bernabé.

¿Quién me iba a decir a mí que la derecha podría traer algo bueno?
Condiciones de Luna, sonaba. Casi a la par, también un WhatsApp del grupo de colegas. ¿Dónde me había metido?, demandaban. Pues en una voz cautivadora, que imprime personalidad y fuerza. Es verdad, encima, fui yo quien propuso la cena de esa noche de viernes. Iba a llegar tarde de todas las maneras así que terminaría de ver al menos este vídeo. Eso sí, al día siguiente, continuaría con otros distintos.

Ahora ya conocía algo mejor aquello que tanto me llamó la atención. Además, esto brindaba la oportunidad de acercarse un poco más a la obra de una gran escritora como lo fue Isabel Escudero, cuyos versos alumbra Quesia con su voz y con el néctar de su genuina dulzura. Isabel, en una presentación en tierras castellanas viejas, zona de buenas letras, ya advertía de las sorprendentes cualidades artísticas de la protagonista de este artículo. “Su voz es como un surtidor de agua clara. La ves a ella más bien frágil en el escenario, pequeña, pero cuando canta llena el infinito con su voz privilegiada”, confesaba Isabel, a cuya persona se le rendirá merecido recuerdo y homenaje en este abril en el Ateneo de Madrid.

Cifra y aroma

Ya camino por el magnífico trabajo de Cifra y aroma. Previamente queda Cuéntame una ilustración y trabajando está Quesia en poemas infantiles de Lorca o del autor gallego Manuel Cuña Novás.

Tras una dosis de documentación audiovisual, una cosa tenía clara; me encantaba su trabajo. Sin embargo, no sabía exactamente la razón. Aunque sí era consciente de que estas canciones habían logrado enfocar la atención de un espíritu hiperactivo en una sola cosa. En escuchar para sentir lo que se escucha. Hablé con ella. Le transmití que me parecía justo poder recomendar su obra a través del periódico. No obstante, no es mi intención un texto experto porque no es una recomendación técnica; es la recomendación, ahora sí, de la qasualidad.

Se antoja complicado, y sin embargo necesario, recomendar a alguien, a su trabajo, sin saber exactamente cómo definirlo. No importa, se trata de un factor que suma punto positivo. A mí favor, como disculpa, supongo, tengo que añadir que no resulta tarea sencilla ir más allá de lo que va la poesía y las voces más preciosas y profundas en alma. Es decir, no encuentro palabras para estas líneas que ilustren fielmente lo que sentí al escuchar a Quesia. Ni siquiera buscando en los almibarados recursos de los buenos poemas, no se trata de eso. Y es que precisamente por ese motivo os invito a descubrir sus canciones. Es posible que si no sabes definirlo es que no te ha gustado; es que te ha invadido los sentidos. Son las emociones indicadores de los buenos trabajos y es de justicia ponerlos en valor. La Cultura trasciende, por supuesto, fronteras que se aprecian más allá de los bohemios cielos de Madrid; Leganés, Getafe, Fuenlabrada, Murcia… Cualquier lugar, os aseguro, es bueno para que os encontréis con Cifra y aroma y lo que esté por venir. En ese sentido, confío en que el horizonte contemple muchos más proyectos y no le deseo suerte porque interpreto que ésta es para los que no saben.

Hasta aquí mi humilde aportación a lo que entiendo que se debe difundir, las cosas bien hechas y que valen la pena. Aunque no haya encontrado la palabra ante un ámbito construido gracias a ellas. No pasa nada, en ocasiones, es suficiente con vibrar, con experimentar una sacudida… Por eso, ojalá tengan la suerte de no poder localizar la palabra cuando recomienden como yo a Quesia Bernabé. Enhorabuena y gracias por la qasualidad.

Más información en quesia.es

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