LEGANÉS

A Dios rogando y con el mazo dando: la ‘espantada’ de las Fransciscanas peruanas’ de Zarzaquemada

La empresa religiosa de la Escuela Infantil Nuestra Señora de Zarzaquemada cierra y deja sin compensación económica a las ocho educadoras

Las educadoras: «Al paro y sin un duro. Nos sentimos engañadas»

La espantada ha sido a cargo de la congregación Franciscanas de la Inmaculada Concepción de Perú

¿Dónde queda la buena fe? Es una de las preguntas que se realizan las ocho trabajadoras, las ocho educadoras, de la Escuela Infantil Nuestra señora de Zarzquemada, que echó el cierre el pasado verano. Desde entonces, están en la calle (si bien algunas han encontrado empleo) y se sienten totalmente estafadas porque toda vez que les prometieron (como no podía ser de otra manera porque es de ley) su finiquito, no han recibido ni un solo céntimo de lo que les corresponde. La Iglesia, por ahora, guarda silencio tras el mutis por el foro de las peruanas.

Una historia más de arrebato de derechos laborales. Un historia cuyas perjudicadas son las trabajadoras, quienes, con toda la buena fe del mundo, han desarrollado durante años una labor tan importante con los más pequeños. Ahora, se les niega lo que es suyo. No queda otra que lucharlo y pelearlo. Por eso mismo, este grupo de ocho mujeres han comenzado a dar a conocer a la ciudad de Leganés la estafa de la que han sido víctimas, con la Iglesia como brazo ejecutor de tamaña jugada.

Una de las acciones que han adoptado ha sido la de salir a la calle con su pancarta, babis y papeles informativos. He quedado con ellas. La escuela comparte terreno con la parroquia de Nuestra Señora de Zarzaquemada. Pasan 20 minutos de las 12 del mediodía. Ellas llevan desde las 11h y continuarán hasta las 13h. Por ahora, alternarán domingos en su labor de difusión de su situación. En esta oportunidad, es la primera vez que, sobre una pequeña mesa plegable, tienen papeles de recogidas de firmas. Me reciben Amalia, Paloma, Esther, Paqui

La labor de esta escuela arrancó en el año 1982. En enero de 2013, tuvo lugar un cambio de titularidad. Aquí entra en juego la congregación Franciscanas de la Inmaculada Concepción de Perú, que se haría cargo de la gerencia hasta julio de 2016, a través del obispado de Getafe. Las trabajadoras fueron subrogadas de la Sagrada Familia a esta nueva congregación en enero de 2013, pero el devenir de la escuela cambiaría. El Obispado de Getafe recurrió a las peruanas porque en España no hay congregaciones jóvenes. Según afirman, con la anterior congregación nunca hubo problemas.

Como bien sostienen ellas, el número de niños matriculados decrece en ese periodo. “Antes de que acabase el curso 2015-2016, corrían rumores del cierre del centro, que eran desmentidos por la dirección. Nos decían que se iba a seguir adelante y cogen matrículas para el curso siguiente. Pero, en ese proceso, se descubre una publicidad que están dando de los colegios Juan Pablo Segundo, que son colegios tipo Opus Dei. La idea era que el Juan Pablo Segundo se iba a hacer cargo de esta escuela. Cuando les comentamos que nos hemos enterado de esta publicidad, paralizan todo porque la imprenta se había adelantado antes de que estuviese legalizado”, comenta Amalia.

Sin embargo, llegó lo que estaba siendo un secreto a voces. Les anuncian el cierre porque “es económicamente insostenible. A partir de ahí, todo ha ido en decadencia total. Nos comunican que el mes de junio iban a cerrar. Nosotras tenemos contrato de curso a curso escolar. Además, iban a dejar tirados a los padres, que ya habían pagado previamente el mes de julio. Entonces, las madres y padres se movilizaron, empezaron a llamar y a hacer presión. Gracias a esto decidieron continuar el mes de julio y hasta ahí”, aseguran las trabajadoras.

La buena fe en papel mojado

En este punto de la historia, la decisión estaba tomada. Se abre un periodo de reuniones entre la dirección, trabajadoras y abogados de ambas partes con el fin de compensar económicamente a las educadoras por sus años trabajados, algunas con más de 30 de antigüedad. Y se llega a un acuerdo que se rubrica por escrito. Según Paloma, “es un acuerdo de que sí, que se va a cerrar, pero nosotras vamos a recibir las indemnizaciones en tres partes. Nos aseguran que nos van a pagar. El primer plazo es el 30 de septiembre. Pero, cuando llega esa fecha vemos que en ninguna de las cuentas tenemos el ingreso. Una de las cláusulas es que si no está ingresado ese mismo día, tenemos que recibir cada una la totalidad de la indemnización de golpe. Ya veíamos con esa actitud que nos estaban engañando”. Las ocho deciden dar dos semanas de margen “por si las transferencias desde Perú tardan más”. Sin embargo, no iban a llegar. Y la espantada se escenifica, ni rastro de las franciscanas ni de Rita Mondragón, persona con la función de directora gerente.

Tras esta pausa de dos semanas, llaman a la puerta del obispado de Getafe, dueño del terreno en que se encuentra la escuela y responsable de traer a esta congregación desde Perú. Ellas, por supuesto que no, pero ya ni sus abogados cogían el teléfono a las trabajadoras estafadas.

Según narra Paloma, “allí nos recibió un canciller y estaba igual de sorprendido que nosotras. Se supone que las religiosas les habían comunicado, antes de irse a Perú, que había cerrado el trato con nosotras y que nos íbamos a Fogasa; esto según el canciller. Como que ellos también se sentían engañados, pero ya no nos creemos nada. Entonces, les dijimos que, por favor, necesitábamos contactar con ellas o con sus abogados…” mientras, prosigue Amalia, “tuvimos una segunda reunión aquí con el canciller. Vino Aurelio, que es el párroco. Intentó mediar, pero no nos han ayudado en nada. Dijeron que iban a presionar para que al menos estuvieran presentes en el acto de conciliación. Nosotras sí fuimos, pero ellos no. Esto ha hecho que se retrase el proceso”.

Ahora, la fecha para el juicio la tienen el próximo 11 de noviembre y ahí empezarán a investigar a las religiosas sobre su tenencia de bienes en España. De lo contrario, “si están sin bienes, a Fogasa, que a lo mejor tarda otro año más. Imagínate que nos puede pasar cualquier cosa y no hemos recibido ni duro. De buena fe nada”, se quejan amargamente este grupo de educadoras. Y Paloma, va un paso más allá, “yo creo que lo tenían todo cuadriculado. Ellas se fueron de Leganés a finales de agosto. Lo que no querían es que se sintiesen presionadas porque mucha gente sabe dónde viven. Para evitar jaleos y ruidos mayores hicieron lo de los tres plazos. El primero un 30 de septiembre, que ya estaban en Perú. Nos pusieron el caramelo y nos lo han quitado, un engaño total. Si nos dicen que no tienen dinero, nos vamos directamente a Fogasa y no gastamos en abogados. Es poner dinero, perder tiempo y sentirte engañada. Si no tenéis, decidlo”.

Al hilo de esto último, Amalia asegura que “nuestro objetivo es que la gente sepa qué han hecho y que lo han hecho a conciencia. Sabían que no iban a cumplir lo que estaban firmando cuando son religiosas. Normalmente, las religiosas te dicen eso de la buena fe, de predicar con la palabra, con el ejemplo… A nivel moral nos sentimos defraudadas”.

El segundo plazo era en diciembre y el tercero en el mes de marzo. Amalia ha encontrado empleo en otra escuela del barrio, Paloma está haciendo una baja, pero Esther o Paqui están sin trabajo. Son caras de la misma moneda, la del engaño. Amalia o Paqui llevan toda su vida en la escuela, Paloma y Esther sobre los siete años, es decir, la cantidad de dinero que les adeudan es notable y como señalan todas, “el dinero que deben es mucho, pero que las religiosas te engañen vilmente y a conciencia…”. Y es que la “solución” de Fogasa podría acarrear otros tantos años de espera. Veremos si tienen o no bienes aquí, pero lo que es seguro es que “en Perú tienen un montón de escuelas y colegios y dicen que están montando otro en Italia”.

Mayores de 55 años

Para más inri, esta empresa religiosa ha incumplido su obligación de solicitar, suscribir y pagar los convenios especiales de trabajadores mayores de 55 años, según el artículo 51, apartado 9, del Estatuto de los trabajadores, la disposición adicional Trigésima Primera de la Ley General de Seguridad Social y el artículo 20 de la orden TAS 2865/2003 del 13 de octubre. En esta historia hay dos personas con 55 años, Amalia y Paqui. “Para la gente mayor de 55, si hay despido colectivo, la empresa tiene la obligación de ingresar las cotizaciones hasta el momento de la jubilación. Yo estoy trabajando ahora, pero si dejase de hacerlo tengo mis dos años de paro. Eso sí, si llego al momento de jubilarme y me quedan unos años por cotizar, están obligadas a haber ingresado ese importe. Paqui están en paro, tenían obligación de ingresar su cotización hasta el momento de la jubilación y no lo han hecho” explica Amalia y agrega que “tenemos unas cuantas cartas de la Delegación de Trabajo de la Comunidad de Madrid de las que se desprende que intentan ver quién puede hacerse cargo de eso. No se puede pasar de todo y que salgan pitando a su país. ¿Traes un respaldo por si la empresa va mal? ¿O es que venían con la intención de que esto fuese mal y así dejar libre el local? Ya te da por pensar de todo…Igual las han utilizado a ellas como conejillos de indias”. Cabe indicar que, al haber una subrogación y tras pasar más de dos años, la empresa anterior no tiene obligación legal de hacerse cargo de nada.

Les pregunto por el perfil más personal de las religiosas y sí que encuentran diferencias con la anterior congregación. Según me cuentan, “vinieron en plan de evangelizar. Es España es distinto el tema a Perú. No somos racistas, pero la forma de trabajar y pensar es muy diferente. Mucha gente se ha echado para atrás al verlas vestidas de hábito y que te contesten por teléfono paz y amor… Aquí no estamos acostumbrados a eso. Muchos padres y madres nos han dicho que venían por nosotras, pero los que eran nuevos se echaban para atrás”.

Comienza a haber movimiento a las puertas de la iglesia. Una misa se acaba y en breve dará comienzo la siguiente. Antes eran las trabajadoras como una familia con los clérigos, ahora las cosas han cambiado, “nadie nos pregunta cómo estamos. Hay un hermetismo total por parte de la otra congregación y por parte de los párrocos, que antes éramos todos hermanos. Ahora, Aurelio no sale ni a preguntarnos. Ya ves que ni se han asomado. Igual no tienen la conciencia muy tranquila… Es que yo creo que sabían todo esto y que había un entramado”, explica Amalia.

Los fieles salen de misa. Algunos se acercan y firman; otros dicen que no es lugar para protestar. Quizás piensen así porque ellos no han sido estafados.

La palabra del párroco

Voy a aprovechar este impasse para ir a preguntar directamente a Aurelio. Aunque antes, las trabajadoras me vuelven a incidir en el sin rastro de las franciscanas, “los móviles de las peruanas ya no funcionan, pusimos cosas en el facebook de su congregación y lo borran. Es como un tipo mafia y saben perfectamente lo que han hecho”, sentencia Amalia.

Ahora sí. Me cuelo al recinto. Entro a la iglesia y atravieso su nave principal hasta la sacristía. Pregunto por Aurelio y me dicen que continúe hasta otra habitación. Efectivamente, allí doy con él. Se prepara, junto a un monaguillo, para la misa siguiente. En primer lugar me comenta que “la indemnización por despido no les ha llegado y en eso tienen razón. Tienen todo el derecho a cobrarlo porque es suyo. Yo recomiendo que presionen a Argos, la gestoría. Tienen derecho a quejarse, pero nosotros no podemos hacer nada. Desde fuera, creo que alguien tiene que romper, la gestoría o los abogados de ellas. Lo único que pedimos es que se hiciera todo legalmente”. Y para terminar, el padre me confirma la noticia sobre el futuro del edificio, “no va a volver a haber una escuela. Se va a cambiar de nombre. ¿A qué se va a dedicar? No lo sé. Estamos viendo varias opciones. A una escuela seguro que no, eso está descartado. Se va a intentar buscarle un fin que responda a las necesidades actuales del barrio”. Según fuentes consultadas, un centro para mayores cobra fuerza.

Las trabajadoras seguirán recogiendo firmas para que el obispado de Getafe tenga a bien en hacer de intermediario porque ellas consideran que este organismo al menos “tiene un deber moral ya que en su momento ellos fueron los que interfirieron para que esta congregación tomara la gerencia del centro”.

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