OPINIÓN

Críticas al obispo de Getafe por mentir [presuntamente] con respecto a la bajada de la Virgen

► Polémica por la [no] estancia de la imagen de la Virgen de los Ángeles en la catedral.

Hoy, jueves 9 de septiembre, es fiesta local en Getafe. Sustituye al 13 de mayo, jueves de la Ascensión que se celebra, sin fecha fija, cuarenta días después del domingo de Resurrección. Ese día tiene lugar, junto al desfile de carrozas, el evento más importante de las Fiestas Patronales que, en tiempos de normalidad, se organizan en honor de Nuestra Señora de los Ángeles.  Sin embargo, hoy, la sensación es muy distinta. No discurre el típico día de “las mochilas”, cuando cientos de jóvenes marchan, con sus tortillas y sus filetes empanados, al Cerro para pasar retozando un día de romería, más o menos laica; no habrá bajada de la imagen, esa manifestación popular, a medio camino de la devoción religiosa y la expectación por la renovación de una tradición centenaria. Bajaba la Virgen, no hace mucho, en tiempos de la antigua normalidad, acompañada de una ingente, inconmensurable, enorme y descomunal muchedumbre de vecinos y visitantes. Es, esa romería, no solo la mayor manifestación del fervor religioso y de cario por Nuestra Señora la Virgen de los Ángeles, sino de cualquier otro evento en la diócesis de Getafe; poco importan las autoridades civiles, la ideología de los gobernantes municipales, la alcaldesa, los hermanos de la Congregación de Nuestra Señora, de las camareras de la Virgen y hasta el señor obispo. La devoción por Virgen de los Ángeles reina sobre todo y sobre todos.

Lo cierto es que hoy es fiesta en Getafe, aunque muchos vecinos no lo perciban de esa manera. El hecho de que no se produzca la acostumbrada bajada de la Virgen se ha rodeado de una agria polémica con acusaciones cruzadas y el enfado monumental un sector de los fieles getafenses de la Diócesis. Como ha publicado este medio, el asunto empezó en el mes de febrero cuando Ayuntamiento y Diócesis acordaron aplazar las Fiestas Patronales a este mes de septiembre debido a la pandemia que nos sacude desde hace casi dos años. No parecía lógico confirmar un evento multitudinario como la bajada de la Virgen, si bien la decisión se dejaba pendiente de la evolución de la situación sanitaria. Ambas entidades, Ayuntamiento y Obispado, remitieron sendas notas de prensa con la misma información.

Hay, a pesar de los acuerdos iniciales entre la alcaldesa y el obispo, la intención de traer a la Virgen, como sea, aunque fuera sin romería. Las Fiestas Patronales tienen que estar presididas por la imagen de la Virgen en la catedral. Fuentes cercanas a la Congregación de Nuestra Señora de los Ángeles, han asegurado que «la Junta de Gobierno de la entidad estaba dividida; unos querían bajar la imagen y otros no, prevaleciendo el sí por “decreto” de unos pocos, ya que —al parecer— algunos miembros de la Junta desconocían la decisión de bajar la imagen de la Virgen».

Al parecer, la decisión tomada, para evitar la aglomeración de personas, y los riesgos derivados, era trasladar la imagen venerada en un transporte privado hasta la Catedral donde estaría expuesta del 9 al 20 de septiembre. Tanto es así que hasta hace dos días la Congregación tenía previstos una serie de actos en la catedral, respetando los protocolos y aforos, como las misas rutinarias, el rezo del rosario o la misa Mayor del domingo 12 que sería oficiada por el mismo obispo de la Diócesis, según comunicó la propia catedral a los fieles. No había programados actos multitudinarios y, según todos los indicios, la bajada de la Virgen contaba, sino con la bendición, sí con el beneplácito del obispo.

Para ahondar más en la polémica, la misma fuente de la Congregación asegura que nadie de la entidad, ni del Obispado, contactó con el ayuntamiento para informar del plan orquestado; el Ayuntamiento no tiene potestad para dar permiso o negarlo, pero sí se les debe comunicar el hecho por las proporciones de personas que podría mover la presencia de la Virgen.La alcaldesa Sara Hernández, al enterarse de la bajada, «llamó en dos o tres ocasiones al Hermano Mayor, el cual no contestó ni devolvió las llamadas; el concejal de Cultura también llamó al Hermano mayor en varias ocasiones con el mismo resultado que las llamadas de la alcaldesa. Evidentemente, Sara Hernández se puso en contacto con el Obispo, Gines Ramón García Beltrán, y le comentó la situación. Al obispo, según esta fuente, le sorprendió que no hubieran comunicado el Plan al Ayuntamiento, y la falta de respuesta a las llamadas telefónicas».

El filtrador de los hechos cuenta también que «la alcaldesa, además, le dice al obispo que, al no tener noticia del hecho, no han preparado, lógicamente, ningún dispositivo y tienen a toda la policía municipal con ocupados durante cuatro días para los actos y en previsión de los botellones y demás…» ¿Botellones como excusa para no recibir a la Virgen? El resultado de la conversación es anular la bajada de la Virgen y «retrasarlo para el momento que haya buenas condiciones. La alcaldesa, —sigue el presunto topo de la Congregación— está muy cabreada con el hermano mayor por no comunicarles el plan, no contestar a sus llamadas y, más aún, por sacar un comunicado en el que “descaradamente” dan a entender que la culpable de que no baje es la alcaldesa». Algo habrá de eso, ¿no? Es claro que el topo informó puntualmente a la alcaldesa; hasta el posible que el informador tenga la intención de desestabilizar la Congregación para renovar la Junta de Gobierno.  Otras informaciones aseguran que no se trata de un topo de la Congregación, sino que es una persona del entorno de Sara Hernández que ha lanzado el bulo. También está confirmado que los miembros de la Junta de Gobierno de la Congregación conocían el plan para bajar a la Virgen cumpliendo con los protocolos sanitarios.

El Hermano Mayor de la Congregación ha confirmado que la alcaldesa no le ha llamado en ningún momento, cosa fácilmente comprobable —otra mentira del topo— y que fue el concejal de Cultura el que se puso en contacto con él y con los portavoces de la entidad para vetar la bajada de la Virgen; vetar el traslado de la imagen de la Virgen, así de claro, argumentando que la Congregación no debe ni puede hacer nada pues se trata de Fiestas Locales y no de las Fiestas Patronales, en contra de lo que habían acordado en febrero entre la alcaldesa y el obispo. A pesar del plan trazado por la Congregación, con conocimiento del Obispado, para adecuar todos los actos a los protocolos sanitarios, el edil les manifiesta que «no es viable la bajada de la Virgen».

Ha debido existir una conversación posterior de la alcaldesa y el obispo en la que acuerdan dejar de lado el plan para bajar la imagen de Virgen hasta el año que viene, pendiente si finalmente existen Fiestas Patronales o Fiestas Locales, o las dos como ya intentaron en tiempos de la Segunda República. El hecho es que el obispo se ha plegado a las exigencias del gobierno municipal para organizar unas fiestas estrictamente laicas. Además, hay que valorar la excusa de que “toda” la Policía Municipal está ocupada con las otras actividades de las Fiestas paganas y con la prevención de los botellones. En cuanto a las excusas de la pandemia, también se caen por su peso. El Ayuntamiento ha organizado un «extenso programa de actos con 17 espacios activos para fiestas multitudinarias, conciertos y otras actividades; además están los fuegos artificiales o las actividades que habitualmente se programan en los centros municipales con los mismos protocolos que se podrían seguir para la estancia de la Virgen en la Catedral».

Al conocerse en estos dos últimos días la serie de tejemanejes, medias verdades y mentiras en torno a la [fallida] bajada de la Virgen de los Ángeles en los que intervienen los miembros de la Congregación de Nuestra Señora de los Ángeles, un chivato, la alcaldesa y el obispo, corren las aguas revueltas en un sector de los fieles de esta parroquia. Algunos católicos acusan a la alcaldesa y al obispo de mentir cuando afirman que «estas no son las Fiestas Patronales como en todo en todo momento se había reiterado desde el Ayuntamiento. Y mienten cuando alegan como motivo para que no baje la Virgen a Getafe evitar el acto multitudinario de la bajada, pues ese acto este año no estaba previsto, lo que estaba previsto era transportar a la Virgen en un vehículo privado a la Catedral y exponer allí la Sagrada Imagen desde el 9 al 20 de septiembre. Igualmente, no estaba previsto ningún acto multitudinario de los que tradicionalmente se hacen en la Catedral».

Otro miembro de la Congregación de Nuestra Señora de la Virgen de los Ángeles asegura que la versión del topo es falsa, seguramente para que el ayuntamiento no salga como el que veta la presencia de la Virgen; sin embargo —declara—, «lo que nunca imaginé es que el propio Obispo iba a ser cómplice de la paganización de unas históricas Fiestas Patronales en honor a la Virgen. De Sara Hernández, ¿qué se podría esperar?, pero del obispo…».

El cabreo de estos fieles con el obispo es, si cabe, más grande que el de la alcaldesa cuando no le coge un mindundi, a ella, la máxima autoridad civil de Getafe, el teléfono. «Es un pastor —en referencia al obispo— que pone a sus ovejas a los pies de los lobos… es un mediocre y un politiquillo con aspiraciones a suceder a Carlos Osoro Sierra en la Archidiócesis de Madrid».

Hay que recordar una anécdota de hace veinte años. En julio de 1991, hace exactamente treinta años, el Papa Juan Pablo II promulgó las bulas por la que se creaba la Diócesis de Getafe. El primer obispo, Francisco José Pérez y Fernández Golfín tomó posesión el 12 de octubre de ese año. Fernández Golfín, a su llegad a Getafe despreció la tradición de la bajada de la Virgen, como si fuera una expresión mundana, alejada de su ministerio eclesiástico. El hecho, es que tanta fue la desconsideración que, al año siguiente, desairó a los fieles getafenses y a la propia imagen de la Virgen. El titular del diario Zona Sur de Madrid le dejó en evidencia: «La Virgen echó de menos al Obispo». Nunca más faltó, reconsiderando su altanería. Hasta el posible que se confesara por haber pecado con la soberbia. Es fácil, a veces, para los católicos incurrir en pecado; luego, se confiesan, se arrepienten y listo: en paz con Dios y con la Virgen.

Es quizás posible, no digamos que haya pecado, que el obispo tenga que confesarse o reconsiderar en conciencia alguna mentira, algún pecadillo venial para sobrellevar la situación política y anteponer, en privado y en público, la opinión y las directrices de la ramplona y atea alcaldesa a la presencia de la Virgen en la  Catedral.

 

 

Juan M. Alcalá

 

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