DIARIO DE UN JUBILADO

Manuela Carmena, una gata rubia como el oro

Carmena

Esta magnífica gata rubia no es ni mucho menos como ese gato negro o gato blanco del que hablaba Felipe González

♦ Manuela Carmena es una gata con todas las de la ley. Una buena gata, no solo por haber nacido en Madrid, también por ser su alcaldesa. Es una buena gata como esas que ronronean a tu lado en el sofá y da vueltas a tu alrededor cuando llegas a casa después del trabajo. Además, es una gata rubia por convicción y costumbre. Así se lo confesaba a Maruja Torres en su libro cuando esta periodista le cuestionaba de alguna manera su estilismo tan particular: ¡La diadema ya está tirada! Por aclamación unánime de mi gente -respondía Manuela Carmena-. En cuanto al pelo, tengo que encontrar tiempo para ir a la peluquería. A otras horas, tengo que hacerlo. Pero siempre así, eh, rizado y rubio”. La alcaldesa es una rubia de oro. No es Marilyn Monroe, pero te llega al corazón, y eso que es, antes que nada, una mujer que piensa, con una brillante carrera como abogada y más tarde como juez.

Los vecinos de Madrid, le pese a quien le pese, lo diga quien lo diga, han encontrado en ella un tesoro y cuando dice lo que dice, nunca como quien no quiere la cosa, conviene tenerlo en cuenta. “Como ciudadana y también como alcaldesa creo que no es bueno que estemos sin Gobierno -dijo al día siguiente de la no embestidura del socialista Pedro Sánchez-… Yo desearía con todas mis fuerzas que del próximo debate saliese un acuerdo con un Gobierno fuerte de cambio”. Además, añadía a continuación: “Sería bonito que se diese este apoyo a quien en este momento está solicitando la investidura. Creo que eso conformaría un Gobierno de progreso, un Gobierno de cambio”. Un gobierno de progreso pero desde la izquierda, precisaba unas horas más tarde. Esta magnífica gata rubia no es ni mucho menos como esegato negro o gato blanco del que hablaba Felipe González cuando era presidente del Gobierno en la visita que realizó en septiembre de 1985 a la República Popular China. En su crónica, el periodista de El País escribía: “Durante este viaje, González parece haberse contagiado de algunos tics verbales chinos. Así, calificó de feliz el resultado de su visita y por dos veces repitió en la conferencia de prensa que celebró por la tarde un proverbio que le había enseñado Deng: “Gato blanco o gato negro, da igual; lo importante es que cace ratones”. ¿Cómo van a ser lo mismo los alcaldes Alberto Ruiz-Gallardón que Enrique Tierno Galván? ¿Cómo va a ser lo mismo un gato azul que un gato rojo? ¿Cómo va a ser lo mismo Santiago Llorente, alcalde socialista de Leganés, que Carlos Delgado de Uleg que se dejaría cortar un brazo por llegar a convertirse en el primer edil leganense.

Así como Felipe González no estaba muy acertado en cuanto a color del gato a pesar de toda la sabiduría china que lo sustentaba, tampoco anda muy acertado Pedro Sánchez con eso de que da lo mismo quién sea el cocinero con tal que la comida nos alimente. “Los maestros de la alta cocina, y de eso sí que sabemos en España, nos enseñan que los sabores auténticos son los que mejor se entremezclan”. No es verdad, la clave de un buen restaurante está en los cocineros y no en el menú.

Pablo Iglesias, además de llegar a ser el master chef de las cocinas del palacio de La Moncloa, aspira a convertirse en el rey de la selva hispana con coleta, veremos si lo consigue. En fin, menos gatos con las uñas y coletas al aire y más gatas rubias como Manuela Carmena.

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