DIARIO DE UN JUBILADO

Rafael Simancas, el gnomo

Rafael Simancas es un gnomo, pero no por su estatura; es un gnomo porque es un político irresponsable, nefasto y manipulador, y lo que es aún peor, un político apto para el no pero nunca para el sí.

Walter Benjamin nos cuenta, en sus apuntes sobre la historia, que ha existido alguna vez un autómata preparado para jugar al ajedrez y ganar todas las partidas. El autómata, vestido a la turca con una pipa de narguile en la boca, permanecía sentado ante el tablero colocado sobre una mesa. Debajo de la misma se escondía un enano que guiaba con unas cuerdas las manos del muñeco. Este es el papel que juega Rafael Simancas en el Partido Socialista de Madrid desde hace más de diez largos años, aunque eso sí, perdiendo todas las partidas, todas las presidencias desde que en el año 2002 no fuera capaz de hacerse con el gobierno de la Comunidad de Madrid. Dicen que se le fue de las manos por culpa de dos de sus compañeros que formaban parte de la lista que él mismo había elaborado. Necesitaba el voto de los diputados de Izquierda Unida. A la hora de votar su investidura, estos dos compañeros o lo que fueran desaparecieron, nadie pudo dar con ellos, y todo quedó en agua de borrajas. Rafael Simancas se quedó, por los siglos de los siglos, sin poder llegar a ser Presiente del Gobierno de la Comunidad de Madrid. El cargo, realmente, le hubiera venido demasiado grande.

Y Esperanza Aguirre se hizo con el santo y la limosna a pesar de todos los pesares, para gracia y desgracia de los madrileños, durante años y más años y, según como se mire, nadie sabe cómo, pero contando con el voto mayoritario de los ciudadanos. Todo el mundo la criticaba pero al final siempre acaban votándola. A Esperanza Aguirre no la echaron, ella misma se fue y la verdad, nadie sabe por qué. Se fue y nos dejó a Ignacio González el del atrio del demonio de Estepona.

El que quedó como perdido y desaparecido detrás de una nube fue Rafael Simancas, el enano que se esconde debajo del tablero de ajedrez del que habla Walter Benjamin. La mesa bajo la que se oculta está en la calle Ferraz.

Lo de enano no tiene nada que ver con la estatura sino con el talante y, ciertamente, en este sentido, Rafael Simancas es un enano, un gnomo que vive escondido entre las setas envenenadas del bosque del socialismo madrileño, enredando sin descanso. No barre para dentro, para mejorar las cosas, sino que barre siempre para sí, para no perder el control del poder mal entendido y sus prebendas.

Rafael Simancas es un gnomo pero no por su estatura, repito, es un gnomo porque es un político irresponsable, nefasto y manipulador, y lo que es aún peor, un político apto para el no pero nunca para el sí.

Es un político irresponsable porque en lugar de dimitir en 2002 cuando se quedó a las puertas de la presidencia de la Comunidad de Madrid a causa del tamayazo, siguió al frente de los socialista madrileños como si lo ocurrido no fuera con él. Rafael Simancas no era culpable pero sí era responsable y toda responsabilidad ha de tener sus consecuencias. No le podía echar la culpa a nadie y mucho menos a Zapatero. Más tarde, en 2007, se vio obligado a presentar su dimisión tras fracasar estrepitosamente en las urnas. Y esperanza Aguirre más contenta que unas pascuas. Él, que no ha sido capaz de esperar a que Tomás Gómez pudiera ganar o perder¿quién lo sabe?, el próximo 24 de mayo. Rafael Simancas tuvo que fracasar por dos veces consecutivas para verse obligado a dimitir. ¿Qué se hizo con él? Le nombraron senador, le premiaron incluyéndole en las listas al Congreso de los Diputados por Madrid, le eligieron para Secretario Ejecutivo de Formación… Además, en la actualidad preside la Gestora que puso patas arriba al Partido Socialista Madrileño en contra de toda lógica política más elementa.

Repito, Rafael Simancas es un enano, un gnomo de la política y sin embargo, a pesar de moverse tan bien a ras del suelo y ensuciarse con el lodo, no es capaz de respetar los derechos de los militantes de base, los que tienen sus pies en la tierra, la esencia de la política tal como quedó establecido para siempre en la Revolución Francesa de la que somos sus herederos. Él siempre actúa desde las alturas que le da el poder del aparato, es un mandado, cerrando agrupaciones como hizo con la de Leganés imponiendo por las bravas a su hombre, el otro Rafael, la sombra alargada de Fernando Abad, riéndose de la voluntad y del voto de los militantes de base, lo mismo, exactamente lo mismo que ha hecho con el Partido Socialista de Madrid.

Aunque Rafael Simancas es el enano que se esconde debajo del tablero de ajedrez del socialismo madrileño, ¿será Ángel Gabilondo ese autómata vestido a la turca con una pipa de narguile en la boca de que habla Walter Benjamin? Me cuesta trabajo creerlo.

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